LOS GOBIERNOS “AMIGOS” NO EXISTEN

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Uno de los argumentos políticos más utilizados en las campañas electorales por todo partido se centra en el hecho de que un mismo color en los gobiernos de Madrid, Santiago y, por añadidura, en el ámbito local están llamados, cuando menos a entenderse. La tesis se esgrime con la clara intención de contribuir a decidir al electorado, en la idea de que todos defienden lo mismo y que, por supuesto, todos van a ayudar, al menos en lo vital y necesario. Las declaraciones efectuadas por el alcalde de Ferrol, que ayer redundó en sus descalificaciones a la cúpula de Navantia en relación con el fracaso del proyecto del dique flotante, vienen a probar lo contrario, porque, como él mismo dijo, la decepción está directamente relacionada con el hecho de que es precisamente el Gobierno central el que designó a los responsables del grupo público naval. La cuestión evidencia, una vez más, que es a Madrid a quien corresponde asumir responsabilidades, algo que no ha hecho desde el inicio de la reconversión naval, un proceso cuyas conclusiones quedan definidas por la reducción sistemática de las plantillas ferrolanas, por el parcheo, casi siempre in extremis, de estados de absoluta inactividad, pero sobre todo por la incapacidad para que Bruselas deje de imponer unas condiciones que solo conducen al desamparo más absoluto. Una “hoja de ruta” para garantizar el futuro requiere una voluntad y una decisión que, para esta comarca, siguen sin darse, como se ha vuelto a demostrar.

LOS GOBIERNOS “AMIGOS” NO EXISTEN