Silencio de ley

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Federico rico rico, Trillo de la trillería, el día que tú naciste, grandes señales había. Cuando ese día los augures te llenaron de alabanzas, ya lo sabía el omnisciente Rajoy, que dijo de ti: “Te encargaste de muchas cosas nuestras, que no voy a calificar”. ¿Eran incalificables como las de “Luís resiste”? Tú y él sabréis. Y aunque Luís en el cagarrón y tú en Londres: tan distantes y tan próximos. Y es que, el que sabe y calla recibe; y el agradecido paga los silencios, y otorga más bienaventuranzas que al  hijo pródigo. 
Pero no te sientas tan listo ni tan bien pagao; ahí tienes al Arsenio, que no sabiendo nada de nada, y quizá por eso mismo, siempre vivió como dios. Si me dieran a elegir ser como uno de los tres no sabría por cual decidirme, pero permanecería en prudente y productivo silencio. 
Es seguro que algo bueno me caería. Cualquier cosa, menos unas merecidas hostias “bien das”. Como a cualquiera de vosotros tres.

Silencio de ley