Realidades paralelas

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a realidad que vivían demasiadas familias, cargadas de ilusión y esperanza, y la diferente realidad actual les transporta a la desesperación por simplemente querer y no poder vivir con un mínimo de dignidad humana. Son muchas realidades paralelas que muchas personas y familias no llegan ni llegarán a entender nunca porque no han pasado por ello.
Nos encontramos con niñas que sufrían ataques de ansiedad en el patio del colegio en Padrón. A ese chaval que se quejaba a su padre sobre los motivos por los que había dejado de jugar con él, en Negreira. A esa familia que tenía que vivir en un trastero en Vilagarcía de Arousa. O aquellas familias que vivían dentro de las instalaciones de su propio negocio, en Noia ó Melide. 
O aquel otro vecino que vivía en un garaje, sin cuarto de aseo, en Rianxo. O aquella joven que deambulaba por las calles de Ferrol, durante las veinticuatro horas del día. O aquel señor que vivía en un zulo en una de las playas más concurridas de Riveira. O todas aquellos familiares que se alejaban de sus “seres queridos” para no tener que ayudarles ni siquiera moralmente.  
Tampoco podemos olvidarnos de la importante cantidad de familias que han estado y siguen pendientes de buscarse la vida, aunque sea en la economía sumergida, para evitar que les separen de sus hijos menores de edad, simplemente por carecer de recursos suficientes. 
Estas situaciones ó realidades paralelas, son una pequeña muestra de familias que han sufrido y siguen padeciendo como consecuencia del desamparo institucional y la pérdida de sus viviendas habituales, por la acumulación de impagos, de buena fe, y sin que se les hubiese garantizado una alternativa habitacional, como señala la propia Constitución española, de la que tanto se habla en los últimos tiempos.  

Realidades paralelas