¡Esperpénticas!

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Aún resuenan. Así, esperpénticas, fueron las palabras del parlamentario popular por Orense Collarte, que se declaraba prácticamente “afogado” con más de 5.000 euros al mes. Hasta la prensa francesa se hizo eco de la gran “boutade” del ya tristemente célebre orensano, que no deja precisamente bien a su lugar de origen. Cuando se mete la pata hasta la ingle, sólo queda un drástico remedio: la dimisión.

Y en este país del esperpento, acongojantes fueron las palabras del presidente del Comité de Atletas Paralímpicos, Miguel Carballeda, durante el acto de despedida oficial en el Palacio de la Moncloa a la delegación de deportistas que representan a España en los Juegos Paralímpicos de Londres.

Ante las selecciones de natación, boccia (deporte originario de la antigua Grecia, similar a la petanca) y halterofilia, el malhadado presidente se refirió a la “roja coja”, en un alarde de supina estupidez que mereció en sonrojo, la seriedad y la estupefacción de todos los atletas presentes, mientras el despistado Rajoy esbozaba una sonrisa de complicidad, que, por desgracia, lo dice todo.

Al estólido presidente también le recomendamos la dimisión y que se vaya a hacer chistes al carajo.

Como esperpénticas fueron las declaraciones de Fátima Báñez, ministra de Empleo y Seguridad Social, cuando puso como ejemplo los 8.000 euros mensuales posibles, según ella, para algunos tipos de familia media española. Vaya incongruencia.

Sin duda estaba pensando en el salario de ella misma. O en el de sus colegas de cartera ministerial, pero nunca en el salario del españolito de a pie.

Como esperpénticas resultan las frases cruzadas entre algunos ministros, cuyos rifirrafes ya tienen hasta el gorro a los ciudadanos españoles, que adivinan diferencias de bulto entre los detentadores de determinadas carteras. Como esperpénticas resultan –una vez sí y otra también– muchas de las declaraciones de María Dolores de Cospedal, secretaria general del PP, que muchas veces se limita a ir colocando el mensaje que trae preparado sobre los asuntos a tratar, esgrimiendo argumentos de Pero Grullo, cuando no haciendo caso omiso a las preguntas de los periodistas.

Y en estas manos estamos. Me consta que no pocos votantes, en su día, del PP se están rasgando las vestiduras y maldiciendo la hora en que se decidieron por votar a la derechona.

 

¡Esperpénticas!