Rajoy tendrá que mover ficha en Cataluña

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En los primeros días de diciembre pasado, el presidente Rajoy ofrecía una extensa entrevista conjunta a varios medios escritos europeos y en ella se manifestaba poco o nada proclive a una reforma, ahora, de la Constitución. Argumentaba y no sin razón que para ello se necesitarían tres cosas: saber qué queremos hacer, ver con qué consenso se cuenta y considerar el momento adecuado. ¿Conclusión?: que no lo consideraba como una prioridad; que no figuraba en el programa electoral, y que “no veía el tema” en este momento.
Pues bien, en el debate sobre el estado de la nación de hace unos días Rajoy apenas se ha movido de estas tesis. No se cerró en banda ante una eventual reforma constitucional dentro de los cauces previstos al efecto. Pero, aunque suave en la forma, estuvo firme y claro en su oposición al proyectado referéndum soberanista en Cataluña. Su argumento fue el de siempre: “Una consulta independentista no se puede celebrar ni en Cataluña ni en ningún lugar de España, porque la soberanía pertenece al conjunto del pueblo español”.
Como era de esperar, la intervención del presidente no ha gustado en Cataluña, aunque haciendo un poco de tripas, corazón, algún influyente medio escrito de aquella comunidad ha señalado que Rajoy mostró su preocupación por el futuro de la comunidad y que la asunción de un problema es siempre factor previo para su resolución.
El problema, muy probablemente,  no se va a plantear al final en términos de soberanismo, porque tanto en Madrid como en Barcelona saben que el referéndum no es posible. Pero como antes o después la presión política, mediática y empresarial va a obligar al Gobierno central a mover ficha, el quid de la cuestión va a estar en el nuevo acomodo que se pretenda dar a Cataluña –y con ella a otros nacionalismos periféricos– en el sistema constitucional.  
Y aquí es donde se puede enconar la situación. Por una parte, el resto de comunidades autónomas no tolerarán más privilegios o beneficios particulares que los que no quede más remedio que asumir por razón de derechos históricos reconocidos en la Constitución. Por otra, Cataluña no querrá equiparaciones. Ya lo advirtió el bifronte Duran Lleida en el debate: “No sirve una solución igual para realidades desiguales”.
Tengo, finalmente, una reserva al respecto. Rajoy puede haber sido claro en el tema del referéndum independentista. Pero, ¿habrá sido completamente claro? Harto del personaje, el presidente puede haber roto con Artur Mas. Pero del enlace con aquella comunidad ha quedado encargada la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, que tiene como interlocutor a Duran Lleida. Y los tejemanejes políticos que ambos se traen bajo la mesa pueden dar mucho que hablar.  Porque, como las meigas, “haberlos, haylos”.

Rajoy tendrá que mover ficha en Cataluña