La amenaza que nunca llega a ser realidad

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CUANDO Menem era presidente de Argentina, durante un viaje a La Rioja –la de allá, no la de acá– para inaugurar un laboratorio científico anunció que en pocos años el país estaría en condiciones de mandar un cohete a la Luna. Un reputado comentarista del país –no era Jorge “El cargante” Valdano– sentenció: “Este pibe se drogó”. Si al analista se le ha ocurrido mudarse a la madre patria o si es fillo ou neto da emigración y le preocupan los asuntos de la tierra de sus antepasados, no será raro que piense que el uso de sustancias alucinógenas está un poco extendido de máis polo país. Porque lo que está sucediendo con En Marea, originariamente un espacio multicultural hispano-galaico y ahora sabe Dios qué, parece propio de las confusas mentes de los jipis de la California de los años sesenta. Todos conspiran, todos malmeten, todos, maquinan, todos intrigan... se amenazan con hacer estoupar la unidade popular, pero, al final, nada de nada. Perder el carguiño es una faena, pero aburrir a los gallegos con amenazas diarias de divorcio y después seguir compartiendo el colchón aún es peor; los ciudadanos quedan tan hastiados que son ellos los que arrebatan los cargos con sus votos el día de las elecciones.

La amenaza que nunca llega a ser realidad