Apadrina a un estudiante

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Los lectores veteranos recordarán aquel programa radiofónico semanal “Ustedes son formidables” que emitió la Cadena SER en las décadas de los sesenta y setenta del siglo pasado, en el que  Alberto Oliveras, su presentador, con la sinfonía del “Nuevo Mundo” de Dvorák de fondo, apelaba a la solidaridad ciudadana y recaudaba fondos para socorrer casos de necesidad de personas que estaban al límite o ayudar en situaciones dramáticas, individuales o colectivas.
Rescato del recuerdo aquel programa a propósito de la iniciativa de la presidenta de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE) y rectora de la Universidad de Málaga, Adelaida de la Calle, que, cincuenta años después, apela a la solidaridad ciudadana para captar donaciones de empresas y de particulares para ayudar a costear los estudios a alumnos sin recursos. “Igual que se apadrina a un niño, se podría apadrinar a un estudiante pagando la matrícula”, una idea que comparten algunos colegas suyos de otras universidades.
El curo pasado unos 30.000 universitarios en toda España –1.170 en Galicia– estaban al borde de la expulsión de las aulas por no poder pagar la matrícula, un problema que volverá a ser dramático en el curso que ahora comienza. Según la Conferencia de Rectores, más de 80.000 alumnos en España –no hay datos de Galicia– podrían verse obligados a dejar sus estudios durante este curso por los desastres de la crisis en las familias, por el aumento de las tasas, por la reducción de las becas y sus  nuevos requisitos y porque las universidades no pueden ayudarles por los recortes que están sufriendo en su financiación.
Esta situación está provocando que las instituciones docentes –y los propios estudiantes– agudicen su ingenio con iniciativas como la de la rectora de Málaga en la línea de “Ustedes son formidables” para ayudar a los alumnos más necesitados y evitar la expulsión de los que no pueden hacer frente al coste de sus estudios.
 Luis Carandell incorporaría a su “Celtiberia Show” esta iniciativa que devuelve a la universidad española a aquellos años de la predemocracia, cuando se tapaban necesidades y solucionaban problemas con la caridad y la solidaridad ciudadanas. Pero en 2013 la enseñanza superior tendría que contar con recursos suficientes del Estado para que la igualdad de oportunidades y las posibilidades de estudiar no dependan de la caridad o de la beneficencia.

Apadrina a un estudiante