Uno que se queda solo coartando libertades

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en todas las familias hay una oveja negra. O varias, si la familia es muy extensa; cuestión de estadística. En la Guardia Civil uno de esos ejemplares está en el cuartel de la localidad madrileña de Robledo. El sargento jefe del puesto, en un claro ejemplo de exceso de celo profesional, por no decir que se mete donde no le llaman y roza la inconstitucionalidad, ordenaba a sus subordinados que cuando estuviesen fuera de servicio se quedasen en sus casas y enviasen a sus mujeres a hacer los recados. Puestos a jugarse un contagio, mejor el de ellas. No está claro si el mensaje era una muestra de machirulidad o de creer que puede decidir qué vida humana importa más, al margen del recorte de libertades. A los que se atrevían a salir les exigía informes y justificantes. Y no llegó a los cacheos de casualidad.

Uno que se queda solo coartando libertades