Discretas exigencias académicas para los becarios

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Después de una enconada polémica, el decreto sobre becas y ayudas en la enseñanza postobligatoria vio por fin la luz hace un par de semanas. Nada menos que veintidós paginas del BOE. Un decreto que contempla infinidad de situaciones personales, familiares y académicas y que ha puesto al Partido Socialista más fuera de sus casillas de lo que habitualmente está.
Con todo, la nueva norma ha quedado bastante descafeinada en relación con los umbrales académicos  mínimos que inicialmente se pretendía exigir. Al final, el Gobierno hubo de ceder a las presiones y de aquel modesto aprobado alto –el célebre 6,5– que se quería establecer como nota media para optar a una beca, no ha quedado nada.
Ahora, con un 5,5 bastará. Y aún así, a algunos –Xunta incluida– ello les sigue pareciendo excesivo. Sólo para aquellas ayudas a universitarios que impliquen una aportación de dinero en efectivo, la media requerida será un punto superior.
Al margen de todo ello, la polémica  surgida ha servido para cuestionar  aspectos como la financiación de la enseñanza universitaria, a la que algunos han querido configurar como un derecho. Los defensores de la Universidad española tal como está hoy día concebida aseguran que ésta es una herramienta de igualación social. Sin embargo, a la vista de datos como los que aporta el informe “¿Universidad sin clases?” elaborado en su día por el Ministerio de Educación, ello no aparece tan claro.
En dicho estudio se les requería a los estudiantes para que situaran a su familia en una escala de 1 a 10 en función de los ingresos económicos, siendo 1 los más afortunados y 10, los menos adinerados. Pues bien, más de un 70 por ciento de los consultados situaron a su familia entre el 1 y el 5 (clase media y alta), mientras que en el otro extremo sólo se encuadraban el 2,2 por ciento de los universitarios.
Llegados a este punto conviene recordar que la Universidad ya está financiada al 80 por ciento para todos por parte del erario público. O dicho de otro modo: que las tasas cubren apenas el 20% del coste total. Por lo tanto, en este nivel las famosas becas sobre las que tanto se ha polemizado sólo sirven para pagar ese 20 por ciento –o parte del mismo– a algunos de dichos estudiantes.
Con esta realidad por delante y sin cuestionar, sino todo lo contrario, la necesidad de las ayudas al estudio, no son pocos quienes se preguntan si tiene sentido que con los impuestos de todos se costee un servicio que aprovechan mayoritariamente las rentas medias-altas. Y si puede y debe haber un modelo de Universidad accesible a todos, pero que reparta mejor los costes.

Discretas exigencias académicas para los becarios