La burbuja de la casta

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El crecimiento del empleo y de cotizantes a la Seguridad Social en junio son dos noticias excelentes que, con todas las salvedades de precariedad salarial y temporal, merecen ser celebradas. Pero estas cifras tan buenas no deben impedirnos ver que España sigue teniendo 3,7 millones de parados y otros problemas que necesitan atención urgente. 
Escribía José Antonio Gómez Yañez en abril que “ni el país ha salido de la crisis, ni es un mosaico de naciones; ni reformar la Constitución blinda el Estado de bienestar si la economía no es competitiva, ni la educación o la Universidad se reforma con un pacto sin más contenido que el pacto mismo; ni construir un nuevo modelo productivo es un acto voluntarista de los políticos, ni España contribuirá a que Europa enderece su rumbo sin ideas sólidas sobre los problemas europeos”. 
Añadan las pensiones y el “cuadro clínico” del profesor de Sociología de la Universidad Carlos III es una descripción bastante exhaustiva de las debilidades del país que requieren una batería de medidas y reformas que hay que emprender desde el diálogo y la negociación de  todas las fuerzas políticas. La primera medida es la formación de gobierno. 
Pero hete aquí que quienes tienen el mandato de velar por la salud política, económica e  institucional de España, en lugar de sentarse con urgencia a dialogar dispuestos a ceder cada uno su parte, llevan más de seis meses mareándonos con estrategias y tácticas dilatorias que responden a sus intereses partidarios y odios personales, persisten en sus fobias y vetos propios de políticos inmaduros y amenazan con mantener la insostenible situación de bloqueo e incertidumbre. Ni se entienden entre ellos, ni toman en serio al país. 
¿Por qué se comportan así? No es descabellado pensar que los líderes políticos, sus colaboradores y demás diputados actúan así porque están fuera de la realidad. Viven encerrados en sus despachos y escaños, tienen el puesto de trabajo asegurado y bien retribuido, incluso en especie –ordenador, teléfono, iPad de última generación y otras prebendas– y no rinden cuentas a los ciudadanos. Este es su mundo, la peculiar burbuja de la “casta” –ahora ya todos son casta– que los aísla del país real. 
“Eles van ó seu”, solía decir don Ciprián de Penalva. No entendieron el mandato de la gente que exige formar un ejecutivo que gobierne con un programa pactado y acabe con este esperpento del bloqueo. Antes de que el país se desangre. 

La burbuja de la casta