UN CONCIERTo SIN MÁS

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Programa de abono número 16 de la Orquesta Sinfónica y, de nuevo, comprobamos cómo son susceptibles de variación los resultados obtenidos en los conciertos dependiendo de los factores de los que ya hemos hablado en este espacio.

Primera obra: poema sinfónico “Una noche en el Monte Pelado” de Músorgski. Siendo música vulgar, bajo cualquier punto de vista y alejados de creencias dogmáticas, sí hubo momentos de cierta calidad musical. Cuesta imaginarse a la OSG interpretando estas músicas, y también es difícil abstraer nuestra mente de la película que le confirió una difusión a esta partitura como no había tenido hasta ese momento; con Stokowski detrás, naturalmente. Intervención genial la del clarinetista Ferrer, que día a día nos sorprende.

Uno de los momentos esperados, junto con Brahms, fue el “Concierto para violín y orquesta nº 1” en Re M op.19 de Serguéi Prokófiev, con la violinista Katrin Scholz. Se notó la calidad de su violín en cuanto a la dulzura de su timbre, especialmente en el registro grave, pero no pareció que desmereciese tanto el “Contreras” del concertino Spadano, en un día soberbio de profesionalidad. El papel de concertino, junto al del primer trompeta, son de los más expuestos, y este fue uno de los buenos conciertos de nuestro primer violín que recordemos durante tiempo.

A pesar de todo, no gustó el concierto, que no la violinista, por lo que al quedarnos sin obra fuera de programa, no pudimos analizar las peculiaridades de su instrumento. La insistencia sobre líneas melódicas ciertamente duras de Prokófiev, la necesidad de perseguir auditivamente los motivos conductores y la larga duración de todos sus movimientos ayudan a adjetivar su exposición de, ciertamente, poco ligera.

La “Sinfonía nº 1 en Do m op. 68” de Brahms completó el repertorio elegido para una noche normal de concierto, sin más. El director, Michael Sanderling, hijo del mítico Kurt, no parece poseer el arte u oficio para exponer la música con la sutilidad de su padre, llevando la interpretación por derroteros no demasiado detallistas. Creemos que posee condiciones musicales elevadas, pero no las planteó lo suficientemente bien delante de la OSG, no consiguiendo extraer la fuerte carga emocional de esta obra ni el potencial cualitativo de la Orquesta. Al final, fuerte ovación al trompista David Fernández. Bienvenido.

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