Más de lo mismo

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“Estamos de acuerdo en que la moneda única es importante, porque nos importa Europa, pero también creemos que cada cual debe barrer su propia casa”, decía Angela Merkel en plena campaña electoral. Era el aviso a “navegantes europeos”, sobre todo a los países del sur, de que continuaría “patrocinando” las mismas políticas de austeridad y rigor presupuestario en su modelo de gobernanza de la Europa comunitaria. Solidaridad con los que más sufren los rigores de la crisis, caso de España, sí, pero han de aplicar reformas estructurales para reducir su deuda y déficit y hacer más competitivas sus economías.  
Pero que nadie piense que la austeridad es un capricho de la señora Merkel. En Alemania hay un gran consenso social sobre el modelo económico y sobre estas políticas y todos los partidos, recogiendo el sentir de los ciudadanos, concuerdan en que hay que poner orden en Europa y que ellos no pueden seguir pagando la fiesta de los demás, sobre todo de los gastadores del sur, que es el cliché que nos aplican a los que estamos en esta posición geográfica y económico-social. Ese consenso lo corrobora el hecho de que cuando la señora Merkel dijo en otro mitin de la campaña que “mientras yo viva no habrá eurobonus”, el líder de otro partido exclamó “¡larga vida a la señora Merkel!”.
Por tanto, como las grandes líneas económicas vienen dictadas de Europa, vía Alemania, que nadie espere grandes cambios en España y en Galicia. Si se repite el gobierno de coalición con los socialdemócratas –un buen ejemplo para España–, probablemente habrá cierta flexibilidad en la austeridad y algo más de estímulos al crecimiento, pero tendremos más de lo mismo en reformas estructurales y recortes en salarios, pensiones y servicios para alcanzar el equilibrio presupuestario.
¿Qué otras lecciones se pueden sacar del triunfo arrollador de Merkel? A pesar de las debilidades internas de la economía alemana –el 20% de los asalariados son trabajadores pobres, las desigualdad es creciente, las políticas sociales no son un modelo a imitar...– la canciller se presentó con otros deberes hechos y sus conciudadanos apreciaron la seriedad y el rigor en la forma de gobernar que mantuvo el rumbo de la nave alemana en medio de la tempestad de la crisis, la situó en una posición hegemónica y supo defender sus intereses con firmeza en Europa.
Los alemanes, tan pragmáticos ellos, confiaron en una dirigente que cumple su palabra, es enemiga de la improvisación y de las ocurrencias y da estabilidad económica y política al país. Sana envidia.

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