Patriotas de hojalata

|

Siempre me he considerado patriota sin necesidad de agitar banderas españolas ni gallegas, sin necesidad de poner la mano en el pecho al son de ningún himno patrio y sin necesidad de festejar ningún desfile ni el día de Santiago ni el de la Hispanidad. Siempre me sentí un tanto contradictorio, en ocasiones incluso contrariado, ante el desfile de los tanques, aviones o efectivos que unas veces nos llenan de verdadero orgullo, como cuando recordamos a los capitanes Daoiz y Velarde o las importantísimas intervenciones humanitarias de las que forman parte, y otras de auténtica pena, como cuando recordamos algunas de sus “gestas” contra el mismísimo pueblo español cuya libertad siempre debieran defender. Será por eso que no me emociona ningún “Arriba España” y que sí me conmueve ver ondear una bandera republicana. Sin embargo, amo la historia de España y amo la España plural que tantos siglos supieron forjar asimétrica como una vieja piel de toro y que sólo durante 40 años se pretendió falsear como “una, grande y libre” por auténticos ignorantes de nuestro mismo devenir histórico. Me siento orgulloso de nuestra cultura plurilingüe, de nuestra diversidad identitaria y de nuestros más variados ilustres compatriotas que supieron brindarnos un lugar destacado en las artes, las letras y las ciencias. Me siento orgulloso de los éxitos españoles y así viví tan emocionado el ondear de todas nuestras banderas, porque los españoles tenemos tantas como lenguas, cuando ganó la Roja. Pero de lo que más me siento orgulloso es de los millones de compatriotas, mujeres y hombres, que supieron sacrificarse por una sociedad en la que ser libres e iguales fuese posible. Será por eso que siento tanto desprecio por quienes entonan los himnos patrios, en desfiles o diadas, mientras trasladan sin rubor ni pudor sus empresas a Marruecos, esconden sus cuentas en Suiza o fijan su residencia en Miami o Andorra a costa del fisco patrio. Y, aún encima, siempre dispuestos a que los demás tengamos que soportar su putrefacta y embrutecida exaltación de patriotismo que, en realidad, se reduce a poco más que al par de sus partes más íntimas con el que muestran la tanta cara dura y la tan poca vergüenza de los patriotas de hojalata.

Julio Iglesias es alcalde de Ares

Patriotas de hojalata