CIUDADES SIN TIENDAS

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Unos días antes de ser nombrado ministro de Educación y Cultura, José Ignacio Wert publicó un artículo titulado “¿Un mundo sin tiendas?” en el que escribe sobre el peligro que entraña para el comercio de nuestras ciudades la nueva modalidad de compra online que entre los años 2008 y 2010 tuvo un crecimiento acumulado del 49 por ciento, el cuarto crecimiento de los 11 países incluidos en el estudio de Online Trenes.

Sin querer estigmatizar esta nueva modalidad de compra, el articulista advierte de las consecuencias en costes sociales y económicos que tendría la proliferación desordenada de ese comercio “si hiciera económicamente inviable la subsistencia del tejido comercial -pequeño o grande- que ahora tenemos”. Consecuencias para el empleo –el comercio supone un 16 por cien de la ocupación total– y consecuencias para la configuración de las propias ciudades en las que el comercio es un elemento de estructuración del espacio urbano de gran importancia.

La compra online, las grandes superficies, la llegada de mercancía de países emergentes y la crisis están firmando la sentencia de muerte del comercio tradicional

En lo que atañe a Galicia, la causa del declive del pequeño comercio no está solo en el aumento de las compras online, que aquí es menor, sino en la aparición de las grandes superficies, con las que el pequeño comercio no puede competir, en la entrada masiva de productos fabricados en China y en otros países con costes laborales muy bajos, y en la crisis que en los últimos años retrae el consumo.

Centrándonos solo en la ciudad de A Coruña, los datos de la caída del comercio son escalofriantes. Según la Federación Provincial de Comercio en el año 2000 había 7.300 comercios con una media de 2,5 empleos y en 2011 se habían reducido a 2.400, con un 1,8 empleos. La Federación estima que en este año seguirá bajando tanto el número de tiendas como el de empleados en el sector.

Si esto es así, parafraseando a José Ignacio Wert, nos es descabellado pensar en ciudades sin tiendas, sin escaparates, sin más luces al anochecer que las del alumbrado público y las de los bares. La incidencia de la modalidad de compra online, las grandes superficies, la llegada de mercancía de países emergentes y la crisis están firmando la sentencia de muerte del pequeño comercio tradicional. El resultado es algo inimaginable hace unos años: nosotros mismos reducidos al papel de comprador que no tiene más interlocutor que la pantalla del ordenador, la tableta o el smartphone. O divagando perdidos en el enorme espacio y la frialdad de una gran superficie comercial.

Seguro que acabaremos echando de menos la atención personalizada del dependiente de toda la vida en el comercio de la esquina.

CIUDADES SIN TIENDAS