MENOS DIEZ

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Un viejo profesor –no lo era ni mucho menos en el momento en que me dio clase– introdujo un curioso, y para nosotros desconocido, sistema de puntuación. No dijo nada previamente. Simplemente, tras corregir el primer examen –o hacerlo tal vez sobre la marcha en horas de clase–, se limitó a leer las notas. La sorpresa saltó ya en el segundo de los nombrados. “Menos dos”, dijo. Ni qué decir tiene que, a partir de ese momento, hasta tal vez los treinta que poblábamos el aula, el corazón no estaba ya en un puño por la simple cuestión de aprobar o no sino por el simple hecho de, al menos, no tener negativos. Menos cuatro, me puso el tío, profesor de Biología para más señas. Fue el único del curso, y lo digo sin soberbia, lo cual no quiere decir que aquella asignatura, tan relacionada con la vida, me disgustase, sino todo lo contrario.
Por alguna razón, tal vez por aproximación, los recuerdos retornan tan oportunamente como lo demanda la ocasión, que no es otra que esto de que el Fondo Monetario Internacional (FMI) recomiende encarecidamente una rebaja salarial del 10 por ciento en España. Cuestión además aplaudida –¡cómo no!– por Bruselas. Tenía un compañero al que le apodábamos  “Yale”, en absoluto por referencia a la conocida y reputada universidad norteamericana, sino porque acostumbraba a empezar sus respuestas a cualquier profesor ante el que tuviese que dar una explicación con aquello de “ya le dije que...”. Así le quedó la cosa... El caso es que “Yale” me recuerda también al Gobierno de este país, al menos en esta cuestión, en la que tan contundentemente parece haberse manifestado en contra. Podría decir el sr. Rajoy aquello de que “ya le dije que... aquí no se puede más”. Vamos, es una simple idea, pero no estaría de más un golpe sobre la mesa y, de paso, una rebaja de autoaplicación entre los miembros del FMI, lo que significaría que de media mensual “solo” cobrasen 22.500 euros al mes en vez de los 25.000 actuales.
No digamos ya si, puestos a pedir, las encuestas de opinión, incluso las supuestamente no controladas por el partido en el Gobierno de turno, empezasen a introducir el “método” del profesor de Biología. Y es que, tal y como están las cosas y, sobre todo, cómo el conjunto de la sociedad de este país está enjuiciando la gestión de la crisis, lo raro sería que algún político, algún sindicalista o puede que –¿por qué no?– hasta algún que otro periodista, alcanzase el cero raspado, cuando no también el menos diez, lo cual, esto último, hasta parece más factible que cualquier otra cosa.
No se encuentra la economía, al menos la microeconomía –esa que para el vulgo puede suponer el coste de la barra de pan, el kilo de tomates o de la docena de huevos–, lo suficientemente gélida, como para contraerla  aun más. Lo del “menos diez” invita a pensar. “Yale” seguro que lo haría.

MENOS DIEZ