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Réquiem

Hay pérdidas que aún velamos con el corazón y con el aliento, con las manos que abren surcos de tierra y de sangre o, simplemente con la mirada perdida. Somos cantores de un réquiem de horas que transcurren entre la belleza y el dolor de las desapariciones. Pero quien desaparece sin un réquiem muere dos veces y en esa muerte duplicada ni siquiera sentirá el horror de su posteridad vacía. Así pues, he aquí el réquiem a parte de los que nunca serán olvido.
Réquiem por el amor que tuvo varios rostros y varios nombres. Réquiem por la lluvia que miramos caer y nos acostumbró a cierta tristeza. Réquiem por el sol que nos calienta y cuya alegría desaparecerá dentro de cinco mil millones de añor. Réquiem por los niños que en su animalidad sagrada desconocen el fin. Réquiem por los milicianos de la sonrisa, por las cartas de amor y por la esperas desesperantes. Réquiem por los se quedaron solos velando un sueño. Réquiem por los que se quedaron solos por simple equivocación.
Réquiem por los pacíficos seres que conquistaron su paz peleando. Réquiem por quien se manchó en la vida y no lo olvida. Réquiem por quien erró y lleva su herida. Réquiem por quien sabe algo del perdón. Réquiem por los pájaros le cantan al día por la noche. Réquiem por la luna que no quiere retirarse a dormir ciertas madrugadas. Réquiem por los animales que por no hablar son impunemente destruidos. Réquiem por los amantes que se suicidaron. Réquiem por los amantes que decidieron vivir. Réquiem por los dioses orientales que, como hombres, fueron escuchados y luego olvidados. Réquiem por el dios solitario del monoteísmo que, como un ser retirado, padece ciertas noches de olvido. Réquiem por el deseo que enciende los cuerpos para ver mejor las almas. Réquiem por los niños nacidos. Réquiem por los niños que no nacieron, porque no son ellos los que acusan. Réquiem por la madre que no fue más que una. Réquiem por el padre que no se enorgulleció de sus defectos. Réquiem por los novios y las novias que se amaron un rato.  Réquiem por los amores desiguales, los te quiero pero no te amo o los tal vez no te amé pero te sigo queriendo. Réquiem, por supuesto, por los me duele no saber olvidarte. Réquiem por la memoria.
Réquiem por Borges, por Cortázar, por Sábato. Réquiem por Dostoievski, por Tolstoi, Roberto Arlt, Juan Gelman y José Emilio Pacheco. Réquiem por Bukowski, que nunca se creyó mejor de lo que fue ni tan malo como lo pintaron. Réquiem por Rimbaud, pobre Rimbaud, por Baudelaire y su enigmático crenom, por el cobarde Verlaine. Réquiem por el infortunado Sawa, por la boehmia harapienta e ilusionada, por Valle-Inclán, por Cunqueiro, por Rubén Darío. Réquiem por Modigliani, por Jeanne Hébuterne y el hijo que la acompañó a la otra orilla. Réquiem por Albert Camus y por Kafka y por Miller y por Steinbeck y por Dos Passos y por Céline.Réquiem por Husserl, por Heidegger, por Gadamer, por Derrida. Réquiem por Manolo Escobar, Alfredo Landa, Luis Aragonés y Philip Seymour Hoffman. Réquiem por los que profanan las categorías y mezclan el pensamiento con las cosas populares. Réquiem por Jorge Manrique, que ya supo que la muerte nos iguala y confunde humildes pastores con pomposos (y ridículos) prelados. Réquiem por Bach, que no sabía hablar si no era tocando, réquiem por Beethoven, por Chopin, por Shubert, por Satie y, por supuesto, réquiem por Mozart.
Réquiem también por los que son, pero dejarán de ser un día. Réquiem por ti que me lees, réquiem por mí que te imagino. Réquiem por el sueño que nace en esta comunidad de moriturus a morituri (del que va a morir a los que van a morir). Réquiem por quien no tiene más que un segundo de vida (y por ende, como dijo el poeta, nada que disimular).
Réquiem por Cioran, por Teresa de Ávila, por Juan de la Cruz, por Agustín de Hipona y su madre Marta. Réquiem por Pessoa y por Antonio Tabucchi. Réquiem por todos los nombres propios que recuerda la historia y por todas aquellas criaturas humildes y discretas que también tuvieron nombres propios, pero que la historia no quiere recordar. Réquiem por nosotros. Para todos los demás, lo que siembran dolor y no lo dicen, los que ganan siempre con las pérdidas ajenas, los hipócritas con moral de tiranos, los que humillan desde la distancia, los que matan en silencio y duermen sin dolor ni llanto, los cobardes.... que ni el silencio los recuerde.

Réquiem

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