Vuelta a empezar

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Es de suponer que también el jefe del Estado habrá sacado las debidas conclusiones de la ronda de consultas que efectuó con ocasión de las elecciones de diciembre.  Tal vez entonces se precipitó más de la cuenta ofreciendo casi en barbecho encargos de formar gobierno cuando todavía los partidos no sabían mucho ni cómo ni con quién lo iban a hacer. Aquello se alargó más de lo debido, aunque, claro, no fue él quien mayor culpa tuvo. 
Ahora el rey Felipe VI se apresta a hacer de nuevo lo preceptuado y es de esperar que proceda  con la mayor cautela posible y que no encargue nada hasta que alguien le llegue a Zarzuela con los deberes más hechos que hace seis meses y al menos con probabilidades de sacar adelante la investidura. Salvo la urgencia que tiene el terminar con la larga interinidad que el país padece, calendario no hay que a mayores le apremie. 
En principio –y sólo en principio– el panorama es menos complejo porque las opciones o alternativas son menos y están más decantadas. Habrá, no obstante, que esperar a ver qué decide después de cerrar la ronda con el encuentro del próximo jueves con el presidente en funciones, Mariano Rajoy. 
Entre tanto, la legislatura se ha echado a andar con la misma falta que ejemplaridad que en la ocasión anterior. De poco o nada han servido normas y reglamentos para la formación de la Mesa del Congreso.  
En aras de la conveniencia del momento y de una fingida cortesía parlamentaria, los actores principales han venido a decir y  hacer justamente lo contrario de lo que ellos mismos apoyaron o denunciaron en la fugaz legislatura pasada. Al final, la sentencia del histriónico diputado independentista catalán Joan Tardà ha resultado tan  cierta como en ética política decepcionante: todo el mundo se busca la vida como puede.
Por otra parte, el golpe de mano de Mariano Rajoy para hacerse con la presidencia de la cámara ha desmontado varios tópicos que con profusión circulan. Por lo que se ha visto, el PP no está aislado; con el PP sí es posible pactar, y  la supuesta indolencia de su presidente no es más que eso: un chascarrillo sin sentido. 
Lo que, además, no se entiende es la crítica de algunos por haber llevado adelante lo que ellos mismos días antes aconsejaban.
Lo del control de la Mesa ya es otro cantar. Porque con Ciudadanos por medio nunca se sabe. Su líder Albert Rivera sigue sin abandonar el mesianismo redentor que le acompaña  y después de haber recibido el regalo de dos sillas que no le correspondían, no ha dejado de morder la mano de quien le está dando de comer. 
Está fuera de lógica y razón. No sé si no estará cavando su propia tumba. 

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