“Fake news” y salud

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Los bulos en materia sanitaria cada vez son más preocupantes. Las cifras hablan de que una de cada tres “fake news” está relacionada con la salud. También que, hasta el 75% de los vídeos que hay en Youtube hablando de algo tan delicado como el cáncer, contienen información falsa. Si tenemos en cuenta que el 60% de los españoles en el 2016 utilizaba internet como principal fuente de información sobre la salud –cifra que a buen seguro en estos años se habrá incrementado notablemente– nos encontramos con un panorama bastante desolador. 

Porque los bulos en salud tienen importantes consecuencias. Hay gente que basándose en ellos es capaz de abandonar tratamientos que funcionan, y esto puede llegar a costarles desde serias complicaciones en su enfermedad hasta la propia muerte. Y es que estos bulos además muchos de ellos se centran en temas tan delicados y sensibles como son el del cáncer, las vacunas o la nutrición. Los expertos señalan también que el problema no es solo el abandono de terapias contrastadas el peligro de la difusión de los bulos, sino la posibilidad además de que estas otras falsas alternativas puedan interferir en la eficacia de los tratamientos convencionales. 

El tema sin duda está acaparando cada vez más la atención e instituciones como el Colegio de Médicos de Barcelona han decidido ponerse serios para hacerle frente. También el Ministerio de Sanidad, con diversas campañas, está poniendo en su punto de mira a todo este maremágnum de falsas informaciones sobre la salud que corre a sus anchas por el vasto mar de internet.

Sin embargo, falta a mi entender atacar el problema de raíz. Faltan asignaturas en la educación básica que nos enseñen sobre salud. Y sobre todo falta enseñar a nuestros jóvenes la importancia de una lectura crítica. No todo lo que está escrito es cierto, y en estos tiempos que corren es muy importante tener las herramientas que nos ayuden a valorar si aquello que está frente a nosotros merece que lo tengamos en cuenta o no. 

No será fácil, ya que muchas veces estamos en un combate desigual. Por un lado, se esgrime la razón y los datos objetivos. Por el otro, se apela a los sentimientos y al derecho a expresar cada uno su opinión. Por eso cada vez más voces nos advierten que hemos de aprender a ser más persuasivos si queremos empezar a ponerle coto a antivacunas y terraplanistas que empiezan a proliferar cada vez en mayor número.

“Fake news” y salud