FE Y SINRAZÓN

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Los llamados partidos políticos de izquierdas, suelen coincidir por lo general en su odio a la Iglesia Católica y en su ataque al cristianismo, en eso no son nada tibios y han evolucionado poco con respecto a otras épocas, en las que el anticlericalismo podía estar más o menos justificado. Esto último demuestra que no se trataba tanto de oponerse a determinadas actitudes eclesiásticas, que podían ser bastante cuestionables, como de rechazo al fenómeno religioso en sí mismo.
Un progre al uso puede renunciar a muchas cosas, incluso al ideal comunista para convertirse en socialdemócrata, más acorde con los cánones capitalistas, aunque sea de forma vergonzante. De tal manera que el capitalismo, que siempre pasó por ser uno de los grandes enemigos de la izquierda, es hoy aceptado como algo casi irremediable. En definitiva, poderoso caballero es don dinero, hasta los chinos están doblegándose a su imperio.
Desde luego no ocurre lo mismo con la religión, me refiero en este caso con la religión católica. Antes al contrario, en este aspecto el odio y la inquina parecen acrecentarse, como una sinrazón que ya no puede tener tan solo motivos circunstanciales. Se trata más bien de cuestiones más profundas, relacionadas con la amoralidad reinante en nuestra sociedad, donde no cabe nada que se oponga a la pura arbitrariedad en el comportamiento. Por eso, la religión aparece como un freno a la deshumanización que tanto conviene a los planteamientos del socialismo histórico, aspirante a dominar sobre las emociones irracionales de las masas, de las que hablaba Ortega.
Al tradicional anticlericalismo hispano, se han unido el rechazo a la ley natural y el más moderno utilitarismo, dispuestos a ganar la lucha final contra moral católica, la que no pudieron doblegar ni el modernismo ni la teología de la liberación. En definitiva la lucha eterna entre el bien y el mal, la educación y la barbarie, por no decir la envidia, la lujuria, la soberbia, la ira y todo lo que el hombre tiene como peligro a su dignidad y a su salvación. Lo cierto es que llevamos décadas viendo cómo se pisotean nuestros valores tradicionales y se ataca permanentemente la libertad de nuestras conciencias, paso previo a una tiranía materialista retrograda. La misma que tiranizó a pueblos enteros durante el siglo XX, bajo la bandera del marxismo.
No se trata de defender a ninguna organización humana ni privilegio social, como cristiano defiendo la fe de nuestros padres, la que sustenta la mayoría de nuestras tradiciones, la que nos enseñó a ser buenos ciudadanos y nos ayudó a ser mejores. Con la conciencia cada vez más clara de que la sinrazón, por mucha fuerza que adquiera, no es la verdad.
 

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