BARBARIE Y CRUELDAD

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Los recientes acontecimientos, de enorme gravedad, cometidos por la humanidad o, mejor, por inhumanidad, contra la vida de las personas y contra los bienes del patrimonio artístico y cultural de la civilización, me permiten algunas reflexiones sobre los conceptos de “barbarie” y “crueldad” que, aunque son coincidentes por sus efectos, gravemente lesivos y perjudiciales para la sociedad, no significan esencialmente lo mismo.
En principio, podríamos decir, que la barbarie busca la mayor destrucción y daño posibles; la crueldad, en cambio, producir y acentuar el dolor. La barbarie se caracteriza por su extensión y violencia; la crueldad por su intensidad y sadismo.
Aquella atenta fundamentalmente contra los bienes en general, culturales o artísticos. La última, atenta contra las personas, aunque también cabe la crueldad contra los animales.
Ahora bien, dada la diferencia, por razón de la intención que las preside y por la distinta naturaleza de los bienes o valores a los que principalmente afectan, el ensañamiento no cabe respecto de la barbarie, pero sí en la crueldad. En este último caso es revelador y elocuente la definición que nuestro Código Penal da del ensañamiento, señalando que consiste en “aumentar deliberada e inhumanamente el dolor del ofendido”, pues es evidente que sobre los seres que no experimentan dolor, no cabe hablar de ningún tipo ensañamiento, si nos ceñimos a la terminología jurídica.
Dicho lo anterior, son muchos los ejemplos, tanto históricos como actuales, de actos de barbarie y crueldad. Entre los primeros pueden señalarse como más significativos, entre otros, el gran incendio de Roma por el emperador Nerón, en el año 64 D.C.; el saqueo de la misma ciudad de Roma en el año 416 por el rey visigodo Alarico y, por lo que nos afecta más de cerca, la destrucción en el año 997 de Santiago de Compostela, por Almanzor que arrasó la ciudad y sólo respetó, según la tradición, el sepulcro del Apóstol, llevándose a hombros de cristianos cautivos las campanas de la Catedral a la Mequita de Córdoba y que  fueron devueltas a Santiago, dos siglos y medio después, en tiempo de Fernando III, el Santo.
Y como ejemplo de reciente barbarie cultural, puede citarse la cometida por los radicales islamistas que destruyeron parte de la herencia cultural milenaria de Irak, derribando y mutilando esculturas asirias del Museo de Mosul, toros alados de Nínive y asaltando su extraordinaria y única biblioteca.
Aparte de los actos vandálicos y de barbarie que dejamos expuestos, también recientemente asiste la humanidad, entre sobrecogida y asombrada, a la crueldad con la que los miembros del Estado Islámico decapitan en público a sus rehenes o los queman vivos, también a la exposición del público, encerrados y enjaulados.
En definitiva, la crueldad se ensaña contra las personas y la barbarie atenta contra sus obras y representaciones.

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