Aquel verano del 2017

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A cabamos de cambiar de estación, comenzamos el otoño con las primeras caidas de las hojas. Parece que pasa algo y no sabemos qué es. Se siente como cuando incubas una enfermedad, estás alterada pero no sabes quien lo provoca, y todo se descubre, sus efectos, en menos de una semana. Menos de una semana, puede ser el domingo día 1 de octubre del 2017, o el lunes día 2. 
Por la ventana veo que ha embarrancado en la ensenada una pequeña barca motora de recreo, quizá se acercó demasiado a la orilla, nada grave, ni peligroso, ni costoso. Aprovecho para darle mil gracias a la corporación municipal que nos quitó el “cheirento” olor de los desagües fétidos, dirigiéndolos al colector. Antes, con sólo abrir la ventana y con los ojos cerrados, sabías si estaba la marea alta o baja. Ha desaparecido el mal olor, han aminorado los mosquitos; las gaviotas que por decenas acudían al caño de salida para comer, junto con los mujes, se han quedado en menos de la mitad y ya no ensucian los cristales de las ventana con tanta frecuencia. Me alegro por todo eso y más, por los mariscadores que quizá tengan mejor producto.
Este largo verano ha sido atípico. El sol del mes de junio quemaba como si estuvieses en Cancún con todo incluido. Los que son especialmente sensibles a los rayos solares, aunque adoren al sol, deben cubrirse y esconderse para que no les queme. Era increíble como te aplanaba, tuve la sensación de que nunca eso había sufrido en Galicia. Un detalle corroboró lo que pensaba. A finales de junio, mes que vivimos con una semana de sol y otra de amenazantes tormentas que tuvieron a bien no caer en ferrolterra, uno de los días, se me ocurrió sacar las plantas al campo porque parecía que iba a llover, para que gozaran del agua. Me fui para casa y por la tarde me acerqué a recogerlas. No había llovido ni gota, las encontré angustiadas, como esperando que las metiera bajo techo. Al día siguiente me fijé y comprobé que “estaban deshidratadas”, el poco sol que salió ese día casi las había secado. No murieron de placer, murieron por una equivocación. Pero lo mismo he observado en los kiwis, y en las manzanas, tienen zonas secas, quemadas por el sol . Además la fruta este año se adelantó casi un mes, hubo mucha, pero en un mes se acabó, crecieron y pudrieron a una velocidad desorbitada. El clima, está alterado. Los cuatro meses fueron igual, aún ahora, unos días brilla el sol y sube la temperatura, otros, de la noche a la mañana, bajan diez grados, y las nubes cubren el sol. Si seguimos con buen tiempo, algo bueno supondrá para Ferrol, quizá se mueva el mercado de viviendas para pasar el verano, quizá suba algo su precio y el sol, que hace crecer las plantas, aumente la ilusión y las esperanzas.
El otro tema del verano es igual de atípico, igual de ardiente, igual de grave e igual de irresoluble. La naturaleza actúa en el caso del clima, sin poder humano que la detenga, y en el triste caso de los catalanes que “no nos quieren”, las administraciones demostraron no saber, no poder, o no querer resolverlo. Ayer se expresaban unos alumnos universitarios, que están perdiendo las clases, con una gran ilusión por independizarse, con una creencia, casi total, en que el futuro será totalmente diferente y mejor. Se les notaba que habían hablado del tema y dominaban términos propios y concretos, pero quizá no les hablaron de los inconvenientes, de las posibilidades de fracaso, de que el futuro a corto plazo, será muy incierto, de que se puede destruir el sistema, pero construir otro llevará tiempo, esfuerzos y sacrificios. Si sólo se haba “de lo bien que lo vamos a pasar”, no se hacen análisis serios, eso es propaganda, no es información, ni formación. Eso aboca al fracaso y la desilusión. Los tiempos han cambiado mucho los recursos y la forma de actuar. Hace cincuenta años los que preparaban el cambio del sistema dictatorial al democrático, lo hacían después del trabajo. Salían de la Bazán, Astano o Peninsular Maderera, y se iban al “nocturno” (bachillerato en el instituto), escribían e imprimían propaganda por las noches, los sábados o los domingos. Los universitarios debían de compatibilizar sus clases propias de la carrera, con horas extras de actividad política. Muchos alumnos estarán deseando que se reanuden las clases porque están desplazados de sus domicilios y posiblemente no sobre el dinero en la familia. No entiendo por qué el rector actúa cerrando las facultades, en la universidad debe haber múltiples formas de pensar, y no se puede obviarlas a favor de los propios intereses del cuerpo de mando. Primero debía de mantenerse la normalidad en el campus, profesores y alumnos en sus puestos. Fuera del horario de clase, libertad total para manifestarse de una u otra forma. El rector debe amparar el respeto al contrario y asegurar que nadie puede imponerse a nadie, mucho menos ofenderlo o maltratarlo. El pensamiento único en la Universidad, supone absolutismo y dictadura de la razón, las aulas de las facultades pasan a ser centros de adiestramiento y socialización, nada que ver con el discurso académico.
Esperemos que este verano no nos traiga un otoño de tormentas diversas. ¡No se vayan hermanos catalanes!, los queremos y necesitamos para mejorar esta envejecida y obsoleta España.
 

Aquel verano del 2017