Clarito, nenos

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Vaya por delante que cualquiera puede votar lo que le salga de los huevos. Lo tengo clarito. Pero yo, aunque me fuera la vida en ello, no podría votar al Partido Popular. Moriría. Lo sé. Para mí votar al Partido Popular es un acto tan inmoral y vil como poner a un pedófilo al frente de una guardería, un ladrón como director de una caja de ahorros; a un estafador a vender preferentes en un banco, nombrar obispo y confesor a Francisco Marhuenda, o situar un capador al frente de una clínica de cirugía maxilo-facial ¡Qué quieren que les diga!
Es imposible que pudiera dar mi voto a un partido tan putrefacto y hediondo, a no ser que yo fuera rico, tonto simple, tonto de los cojones, o gilipollas integral. Y no creo ser nada de esas cosas. Al menos rico, no; pongo mis joyitas en juego. De lo demás puede que, para otros, tenga alguna cosilla. Pero me la trae completamente al pairo. No sé si he sido clarito, nenos.

Clarito, nenos