Me paso el día bailando...

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errol está en fiestas, es un hecho. Se está terminando agosto, acercándonos ya irremediablemente al ocaso del verano y al día de San Ramón. En nada estaremos echando los fuegos y empezando a descontar otro año más. Yo, supongo que como muchos otros, me siento impulsada por el verano y el jolgorio de estos días, así que cuando empezaron los conciertos hice acto de presencia como la que más. Eso sí, la obligación nunca descansa y hasta en esas circunstancias me encontré con una compañera de oposición. ¡Jesús, ni en fin de semana puede relajarse una! 
Mi apuesta principal, la verdad, era Fangoria porque ya los había visto allá por 2013 en Amboage y aunque Alaska había sido un tanto parca en el saludo y la despedida, el concierto había estado muy bien y el recuerdo que tengo de esa noche es maravilloso. Cierto que este viernes pasado no iba yo tan motivada, pero es que el panorama que me encontré no ayudaba una miajita... Estaba en la total convicción de que iba a ver a Fangoria, pero lo que vi realmente fue la cabellera de la señora que tenía delante. Cuán alta era. Se preguntarán si yo soy tonta de carrito y no me sé mover hacia un lugar que me permita ver algo mejor el escenario. Les diré que por ahora no me babo cuando camino, así que si no lo hice fue simplemente porque era inviable. 
Si alguno de ustedes estaba allí podrá dar fe, como el dúo sacapuntas, de que la plaza estaba “abaaarrooooootáááááá”. Hay que ver qué tirón tienen estos dos con su pop electrónico. Lo peor no era eso porque un concierto, con tal de oírlo, te permite capear el temporal y pasar un buen rato igualmente. En este caso el sonido era bueno así que ahí dejaba yo mi pulmón y mi voz cada vez que me sabía la letra. Pero, lo que me tiró un poco para atrás fue la paranoia a la que te inducía el espectáculo de fondo que traían preparado. Caballos rosas de juguete corriendo, el mítico smiley amarillo bailando, bocas por todos lados... Yo llegué a dudar si los del Avenida me habían echado MD en el tercio de estrella. Pero no. Se ve que Nacho y Olvido, son así de originales ellos.
Pasada la resaca del viernes, me fui, tierna e inocente como una niña a conocer a Dorian, porque jamás los había visto en concierto ni me había dignado a escucharlos en Spotify. Y me encantaron. Cierto es que el indie no es la música que más me va, pero el directo me pareció muy bueno, la puesta en escena llamativa y sin hacerte entrar en trance. Que ya es de agradecer. Ellos amables y bastante motivadores ante un público, digamos, un tanto rezagado ya desde el día anterior. Para todo hay que coger ritmo, nunca mejor dicho, porque al final la gente estaba muy arriba y a más de uno le costó un disgusto que no hubiese pase bis. Eso sí, muy ecologistas en Dorian no son, porque echaron ahí unos cañones de humo, que como dijo un amigo mío “no queda ya una velutina viva”. También hicieron volar cientos de miles de papelitos, que quedar quedó precioso, pero estando el temita como está en el Amazonas... igual no era para despilfarrar en celulosa. De unos hilos de espuma que se quedaron enganchados en una de las farolas no voy a hablar, porque eso queda ahí, como mínimo, hasta la decoración de halloween. Aquí a veces somos un puntito dejados, admitámoslo. En fin señores, felices fiestas, disfruten de lo que queda y brindemos por nuestra ciudad. ¡Ópa ahí!

Me paso el día bailando...