Abuelito, dime tú

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Aunque el abuelito de Heidi, con su barba y pelo canos desaliñados, aparecía desastrado y triste a pesar de haber cogido pista al europarlamento, Heidi, con carita de estar estreñida, logró hacer una simulación en diferido para cubrir el expediente de tanta alegría com-ex-re-primida.
Mientras Pedro, entre flor-y-ano, jugueteaba a las bolas con las cagallas de cabras y borregos, Niebla, el perro maricón del rebaño, contrito e indolente se lamía el cipote bajo un árbol, anhelando no ser franchute o inglés, desangelado por el poco caso que le hacen los borregos del rebaño, absteniéndose en un 57% a las órdenes de sus ladridos.
Quizá por eso mismo, algunos fueron los que, yendo por lana, salieron trasquilados. Y es que parece que la estabulación del ganado lanar ha terminado, y lo que se llevará, a partir de ahora, será la trashumancia del aquí te dejo y allá me voy,  en busca de otros pastos más jugosos.

 

Abuelito, dime tú