Síntomas

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Aunque la edad y la experiencia nos pueden ir haciendo cada vez más críticos, siempre he pensado que hay que procurar ser prudente a la hora de juzgar las actitudes de los más jóvenes. Los relevos generacionales suelen conllevar bastantes recelos por parte de los mayores, que han visto pasar la vida y, con ella, algunas vivencias y valores que siempre consideraron fundamentales. Desde su perspectiva,la de los mayores, por lo general, los más jóvenes no valoran suficientemente esas referencias que ellos tienen, que en algunos casos dan por perdidas; lo que consideran particularmente negativo y peligroso. Sin ser catastrofista, quien más quien menos, llegado a determinada edad, recela y bastante de la suerte que correrán las futuras generaciones, como si desconfiara de su capacidad de superación.
Todo esto forma parte de la propia condición humana, sometida al riesgo constante de las dificultades y los fracasos. Los que ya los han sufrido o evitado como han podido, piensan en quienes, tarde o temprano, habrán de enfrentarse a ellos y, por lo general, no los ven demasiado preparados. Les parecen muy inconscientes e inmaduros, sin percatarse quizá de que ellos estuvieron en la misma situación.
Con todo, no cabe duda de que la experiencia y la sabiduría, que son acumulativas, pueden detectar determinados riesgos subyacentes, más allá de la diferente perspectiva de quienes están empezando o ya tienen mucho camino recorrido. A veces puede haber síntomas objetivos que, sin hacerlos inevitables o necesarios, nos pongan sobre aviso de determinados peligros y dificultades con que podrían enfrentarse los más jóvenes.
No me refiero por supuesto a los problemas materiales y humanos que les puedan sobrevenir, muchos de ellos absolutamente imprevisibles, sino más bien a la actitud con que losafrontarán. La libertad y la prosperidad en que hemos podido educar por suerte a nuestros hijos, tienen como contrapunto la permisividad y el acomodo, incluso en algunos casos una inconsciencia que supera lo generacional, para convertirse en patológica.
Supongo que generaciones anteriores, traumatizadas por una guerra, o simplemente afectadas por las carencias o la falta de libertad, pudieron tener riesgos e, incluso, síntomas de desorientación y radicalismo. Pero llegados a la paz y al bienestar, siempre relativos pero muy llamativos si nos comparamos con otros pueblos, el gran riesgo radica en la inmadurez de quienes no han sido educados para el esfuerzo y la superación. Son hoy innumerables los síntomas que nos avisan de ese riesgo, como la desorientación y el mal gusto que parecen predominar en muchos movimientos supuestamente modernos y progresistas.

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