Cirugía 4.0

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Hay evidencias de que culturas tan antiguas como los egipcios o los incas practicaban complejas operaciones como la trepanación y sus pacientes sobrevivían en un alto porcentaje. Pero no es hasta hace 150 años que se considera que la cirugía científica nació, desarrollándose en tres fases diferenciadas. 

Primero hubo que conseguir el dominio de la anatomía, para lo que el estudio de cadáveres resultó crucial, enfrentándose muchas veces con las creencias religiosas. Posteriormente toco la sustitución de déficits anatómicos o funcionales, algo que tras las dos guerras mundiales se desarrolló en gran escala mediante las prótesis y que en los años 80 con los primeros trasplantes tuvo su momento de auge. La tercera fase, a partir sobre todo de los 90, consistió en buscar la disminución del impacto de las operaciones mediante intervenciones mínimamente invasivas.

Aunque un siglo y medio contempla a esta disciplina, lo cierto es que en los últimos 50 años es donde los avances más significativos se han producido. Y ahora nos encontramos en los albores de una nueva revolución. Es la cirugía 4.0 o cirugía digital o cognitiva. Como ustedes la prefieran llamar. Una revolución que viene auspiciada en gran medida por los grandes cambios que se están produciendo en nuestros días con el desarrollo exponencial de las tecnologías de la comunicación, la digitalización y el avance en la automatización e inteligencia artificial.

Este nuevo cambio supone liberarse de muchas ataduras que convertían a la cirugía de alto nivel en un objetivo inalcanzable para muchos. La necesidad de aprender de los mejores cirujanos y en los mejores hospitales era algo que por una simple cuestión de logística resultaba imposible. Hoy, el acceso a nuevos materiales y grabaciones, la difusión en tiempo real de intervenciones complejas y la monitorización a distancia hacen posible romper ese techo de cristal y hacer esta nueva cirugía más accesible para todos.

Pero en esta automatización y robotización sigue habiendo límites. El papel del cirujano sigue siendo imprescindible. Pocos son los que se someterían a una intervención sin que hubiera una supervisión humana. Así que ahora toca redefinir roles y entender que no es necesario que el bisturí esté en manos del cirujano, pero si valorar su importancia a la hora de diseñar y dirigir la estrategia de la intervención.

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