Fitness

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Vigo y la crisis; locales vacíos de un lado, la nueva eclosión de gimnasios gigantescos para adelgazar a coro de otro. Todo lo que se inaugura como negocio es para contagiarnos de la palabra Fitness, en plena forma, movimientos repetidos hasta la saciedad o la extenuación. Filas enteras de bicicletas en locales enormes para asistir a la misa de la eterna juventud. Hay gimnasio fitness y fitness menú (refrescos, filete de pollo o carne a la brasa y postre). La misma “i” adelgaza para acabar desparramándose en el “Ness”; desde luego adelgaza más que la “o” o la “u”; ¿se imaginan fotness o futness?,  incluso la “a” nos engordaría”, fatness. Gritos, sudor y lágrimas para la soledad que se endurece en los gimnasios, con que se alimenta la nueva pobreza. La doble “s” nos deja como el aire trasparentes, livianos de cuerpo y de alma. Movimientos repetidos hasta el hastío para cumplir un mensaje: “Límpianos de la suciedad del día”. Cuerpos esbeltos para seguir derrochando salud y así ahuyentar los espíritus malignos del progreso.

 

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