Más palmeros que calor político

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Está siendo un verano menos caluroso de lo previsto. en lo climático y en lo político. Los  pronósticos nos hablaban de aumento de temperatura a todos los niveles: exterior en nuestro cuerpos, e interior en nuestras almas de ciudadanos expectantes de anuncios o soluciones por parte de los que nos gobiernan.
Está siendo en verdad un estío de lo más anodino. Entre las primeras destacan las caminatas, con deportista incluido, de Rajoy, o la subida, con más de uno desfondado, a la ladera montañosa de las tierras arousanas para hablar de política partidista. Aunque mejor que para hablar sería para salir en la foto y que no se olviden de uno, puesto que hay que comenzar a mover el banquillo de cara a las municipales y autonómicas. Es lo que en la jerga política se conoce  omo dejarse ver, que no es lo mismo que ser visto, para que el jefe de turno, el que tiene mayor acercamiento al mandamás del partido, no se olvide que uno siempre está cuando se le requiere y cuando lo necesitan, sobre todo para hacer bulto, que es para lo que sirven la mayoría de los que figuran en listas electorales o disfrutan de un cargo o responsabilidad  en un chiringuito. En una palabra vivir a cuenta del erario público, cuando en muchos casos no era muy público lo que hacían antes de disponer de una nómina a cuenta de la política. Si nos olvidamos de los grupos de palmeros, los que van de fiesta en fiesta, de romería en romería, y concentración no política pero sí partidista, el mes por antonomasia para el descanso, agosto, ha estado muy carente del calor de los responsables públicos que se pudiera traducir en presencia mediática. No hubo comidas multitudinarias; concentraciones de seguidores con ágapes de por medio; paseos en barcos por la ría; copichuelas nocturnas en locales  de moda de Sanxenxo, o posados para las páginas veraniegas de la prensa a la caza de posibles lectores.
De todos modos hubo algunos aspectos que dieron trabajo a los plumillas para llenar  espacios periodísticos. Mencionemos los que se refieren a los cuatro partidos con presencia parlamentaria en Galicia. El verso suelto que sigue siendo Abel Caballero, alcalde de Vigo, haciendo lo que le viene en gana sin que en el partido nadie le ponga freno; el alcalde de Pontevedra, Miguel Anxo  Fernández Lores, presentando su candidatura para un nuevo concurso electoral; el conselleiro que se encarga de los temas de la educación y la cultura, Xesús Vázquez Abad, que va a cambiar de sillón político  para ser postulado como candidato a las municipales por Ourense; y Beiras que sigue deshojando la margarita de no sabemos qué.
Como ven un verano político que  pasa sin pena ni gloria. Esperemos que la convención de peperos, para iniciar el curso político a la gallega, y la peregrina Angela Merkel, nos deparen algo más  sabroso. Hasta ahora ni chicha ni limoná, como diría el castizo. Algo parecido a hacer una  tortilla de  patatas sin huevos. Hasta ahora el condimento  político ha sido la huevina.

Más palmeros que calor político