Un boicot de famentos

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LOS hermanos Roca podían haber montado una tienda de piezas sanitarias, incluso si fuesen más ambiciosos una fábrica. Por el apellido parecían predestinados a ello, pero les dio por la gastronomía y se montaron un restaurante, un gran restaurante, El Celler de Can Roca, que ocupa en el puesto número tres en la lista 50 Best. Tienen  el comedor petado todos los días, pero ni así se les va la olla, que es algo muy frecuente cuando se trabaja entre pucheros. Dentro de poco van a recibir en una de sus propiedades, el Espai Mas Marroch, a Felipe VI con motivo de la entrega de los premios de la Fundación Princesa de Girona. Los independentistas se han puesto como locos y en especial los de la CUP –¿qué pensará Anna Gabriel ahora que ha abandonado el look de las nekanes y se ha pasado al pija style?–. En el fondo hasta es lógico, un perroflauta poco más sabe de gastronomía que darle bocados a un fuet y beber a morro de una litrona pa’echar pa’bajo el embutido. ¿La piel? Para el chucho.  

Un boicot de famentos