Concertinas y otras músicas mejores

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Estos días fueron fértiles en noticias y, como decimos en Ferrol, “se me acumula el chollo” para decidir cuál de ellas comentar. El nombramiento del sacerdote José M. Gil como secretario-portavoz de la C. Episcopal (en media docena de intervenciones, le da sopas con ondas a Camino), y la Exhortación Apostólica del Papa, que promete ser muy rompedora y llena de intenciones de cambio dan mucho donde elegir.
Con el nuevo secretario entrará aire fresco en la CE; lo de Camino era insufrible, cada vez que hablaba, conseguía enfadar a todos. La frescura del lenguaje de Gil Tamayo nos da un aliento de esperanza, al igual que la “sorpresa” de su elección. En dos días dio muchas claves y me gustó su categórica intervención contra la malvada decisión del gobierno de instalar las “concertinas” en las vallas de Melilla. Lástima que tal artilugio, pensado para disuadir haciendo daño, tenga nombre de ilustre instrumento musical. Este invento me lleva a mi época de mozo en la que practicábamos “saltar murallas”; para impedirlo, en la cumbre, el dueño ponía, fijados en cemento, cristales de botella para disuadirnos. Nosotros las rompíamos porque las veíamos; pero las concertinas no se ven y me parece una salvajada tan grande que, solo de pensarlo, me duele. Es inhumano poner esa trampa a quien, en virtud de su derecho a buscar una vida mejor, intenta pasar la muralla. Me imagino que el subsahariano que se topa con la verja, no sabe que hay cuchillas y quizás sea incapaz de leer los carteles (si los hay) anunciándolas. No creo que el método más adecuado para frenar la inmigración sin permiso sea semejante barbaridad (¿a quién se le ocurriría tal invento?); la inmigración ilegal se soluciona facilitando los medios para que estas personas vivan dignamente en su tierra, que es donde seguro quieren vivir, y se lo debemos;  no seamos cínicos y reconozcámoslo y paguemos, no miremos a África de reojo. Es una vergüenza usar tal sistema disuasorio y lo que más me indigna es que haya dudas para quitar tal arma con nombre de dulce instrumento musical, argumentando que solo cortan. Triste.
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