De la memoria histérica

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Leía yo hace días unas frases de Marañón, que ya conocía, dirigidas a Pérez de Ayala, como se sabe, junto con Ortega, los patrocinadores de la Agrupación al Servicio de la República, esa ingenua y optimista declaración cívica de intenciones, enseguida superada, devastada en su fundamento, por la realidad evidente del síndrome de revolución social violenta que anidaba en el espíritu y la acción de los cuadros ideológicos de la izquierda más extrema, en realidad, por entonces, casi toda, y que estaba bien lejos de aceptar el marco evolutivo de una república de corte burgués, precisamente cuando se le presentaba, a sus ojos, la oportunidad histórica de forzar la revolución comunista, de una u otra tendencia, con todas sus consecuencias. 
 Las palabras escritas por Marañón a su amigo Pérez de Ayala, en el mes de marzo de 1939, ya muy cerca del final de la guerra civil, resultan tan desgarradoras como descriptivas de la catadura moral de aquellos sujetos, una gran mayoría de cuadros políticos, que habían hecho profesión demagógica de la revolución, llevando a España al límite de sus fuerzas en todos los sentidos, y que muy bien habrían de servirnos hoy como espejo de realidades, tal vez no tan alejadas de aquella situación, en los gestos, como podría parecer. 
“Horroriza pensar –escribe Marañón–que esta cuadrilla hubiera podido hacerse dueña de España… Y aún es mayor mi dolor por haber sido amigo de tales escarabajos y por haber creído en ellos. ¡No merecemos que nos perdonen!”. Al margen la expresa y singular consideración zoológica con que Marañón describe a esta gente, resulta tan patética como reveladora esa frase última de sentida contrición, y  es en su conjunto todo un alegato moral que tendría que templar, por sí mismo, los exaltados ánimos justicieros con que a veces se pronuncian hoy, irresponsables y atolondrados, los profesionales del revanchismo, deudores directos, precisamente, de aquellos… ”escarabajos”. 
La verdad, cada vez que oigo apelar a la “unidad de todos los demócratas”, léase, cómo no, socialistas y comunistas, en defensa de la ley, su ley ad hoc,  de memoria histórica, y al fin de establecer con carácter de intención legislativa una llamada, nada menos, “comisión de la verdad”, échale carrete a la cometa, me parece que a ese gato envenenado le están buscando tres pies con un juego tan fantoche como peligroso, y que la constante histórica de no escarmentar es regla para sus afectos. Pura memoria histérica. Leed, por favor, a Marañón, por buen ejemplo.

De la memoria histérica