UN DÍA MÁS

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El día 14 los comercios de mi barrio estaban abiertos. Las vecinas cumplían con su ritual diario: del pescado a la fruta, con la barra de pan sobresaliendo del carrito de la compra. Un saludo a través de la puerta abierta del kiosko, una parada rápida en la acera para interesarse por la salud de un nieto o por la entrevista de trabajo de un hijo. Solo la presencia de algún niño en la calle hacía suponer que no era un día como otros.

A mediodía, una procesión silenciosa ponía rumbo a la manifestación. Gestos de determinación y alguna bandera. Indiferencia ante quienes trabajaban con normalidad. Aquí no llegan los piquetes. Mi barrio no está en el centro. No está en el recorrido de las movilizaciones, ni sale en los informativos. Y los comerciantes de toda la vida no atienden según qué órdenes. Nadie va a decirles cuándo o cómo abrir su negocio, con el que algunos llevan pagando las facturas cuando los sindicatos no eran más que una idea. No cerró la peluquera que va a ser madre y piensa en los meses de baja sin ingresos, la mercería que recibe a cada cliente como una bendición, la frutería que estira el horario para poder vender un par de kilos más de patatas. Que vayan a decirle a la dueña del bar que tiene que poner el candado en señal de protesta. Y a los parroquianos que dejen el café. Avergonzados es lo menos que saldrían de allí quienes lo intentasen.

Hay autónomos que no se pueden permitir perder un día de ganancias. Y empleados que no pueden prescindir de un día de sueldo cuando hacen trucos de magia para no llegar al día 30 con la nevera vacía y la cuenta a cero. En mi barrio las tiendas que cierran no vuelven a abrir. Una enfermedad contagiosa en los últimos años. Carteles de se alquila como sentencias de muerte. Escaparates cubiertos con papel que amarillea. El local de ropa de mujer, el centro de estética, el mesón. Unos agotados por los disgustos en sus últimos años de vida laboral y otros arrastrados por la crisis antes de tener dónde agarrarse.

La manifestación mis vecinos la hicieron en las urnas. Más de uno lo aclara, aunque no tenga que justificarse ante nadie. No se fían de sindicatos acomodados a los que les conceden la misma credibilidad que a los partidos políticos. Su lucha contra la crisis la libran haciendo circular el dinero

Por la tarde les llegaron noticias de las marchas y los disturbios. Aún continuaban cuando bajaron las persianas metálicas y se fueron a casa satisfechos. Habían resistido un día más.

UN DÍA MÁS