Unilingüe

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Cae en mis manos una revista, “Vosotros”, editada por Galicia Bilingüe. Por algún extraño, o comprensible, motivo, tal vez por eso de que nos limitamos a suponer que toda consecuencia es fruto de un hecho, es decir que las cosas deberían ser en buena lógica lo que corresponda a lo que se da por esperado, entendía que me encontraría con una publicación escrita en gallego y español a partes iguales. Incluso de forma desproporcionada, porque en esto de defender la práctica y uso de dos lenguas ya me dirán qué regla asumimos para hallar el equilibrio. Escribo en castellano como podría hacerlo en gallego. No deja de ser una opción –aunque reconozca que mi lengua es el gallego y que, simplemente por afinidad, más querencia le tengo– pero no se me ocurría hacerlo en parte en un idioma y en parte en otro. Una práctica, como saben, muy extendida desde el gobierno de la Xunta, a alguno de cuyos miembros he visto –también oído– dar un discurso “bilingüe”. Supongo que es cuestión de medir el número de palabras –no me imagino que la cosa llegue al de caracteres porque entonces nos encontraríamos con alguna palabra realmente “bilingüe”–. No sé, para evitarlo a lo mejor se busca una que permita tal complejidad. La primera que me viene a la mente es “escato-lóxico”. Ya ven, mitad español, mitad gallego a partes iguales, divisible en idéntica proporción, para que no haya errores ni dobles lecturas. Claro que el vocablo no viene a cuento, pero es posible que, si realmente fuese el caso de que hubiese que optar por los caracteres, alguien se hubiese puesto a buscar toda una serie de términos que pudiese ser incorporados al discurso en el momento idóneo. Volviendo a la revista –y ya me disculparán los autores y sus promotores, pues no es mi intención la crítica ni la descalificación–, decía que tratándose de una publicación sujeta a tal contenido, la defensa del derecho a optar por el español en aspectos como el de la educación en una de las pocas autonomías que tienen un idioma propio, más me imaginaba encontrar en ella al menos algo, aunque fuese poco, en gallego. Es precisamente el hecho de hallarme con lo contrario lo que anima el título de este artículo. No quiero, ni es mi intención en un país en el que pocas publicaciones existen que no estén subvencionadas, sobre todo cuando no las arropa ni un ápice de publicidad, abordar cuestiones que, si acaso por obviedad, no merecen la pena ni plantearlas. Pero reconozco, aunque solo sea en parte, que hasta hubiese estado mejor la opción política, aquella de la mitad del discurso en gallego y el resto en español, ya saben. Cada uno maneja, al fin y al cabo, sus tiempos y, a la hora de defender lo que cree, o lo que le interesa, lo hace no por imposición –esto último se supone, que ya es decir–, sino por el simple derecho a optar por una cosa u otra. Pero entonces, solo tal vez, más acorde sería aquello otro de “Galicia Unilingüe”, en español, por supuesto.

 

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