QUILLAS EN NAVANTIA

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No es la primera vez que Navantia pone la quilla de un barco sin recurrir a la tradicional parafernalia que rodea este tipo de actos. Ni tan siquiera en esta ocasión, pese a la trascendencia que en su momento ocupó –y continúa haciéndolo– el papel del presidente de la Xunta en la consecución del contrato con la petrolera mexicana Pemex, los medios de comunicación tuvieron acceso a tan emblemático acontecimiento. Da que pensar, sobre todo teniendo en cuenta el ya mencionado papel protagonista de Núñez Feijóo en la consecución del acuerdo y la trascendencia que se le ha venido otorgando.

Lo cierto es que, sin la participación incisiva de la Xunta, Navantia Ferrol no tendría hoy en grada ninguna construcción, por muy exigua que fuese, como por cierto lo es esta teniendo en cuenta el escaso número de puestos de trabajo que demanda y la casi nula influencia en el sector de las compañías auxiliares. Pero teniendo en cuenta precisamente la circunstancia anterior se hubiese entendido oportuna la presencia de algún representante del gobierno gallego –¿el conselleiro de Industria, tal vez?–, o incluso del local. A no ser, claro está, que los hechos, como se demuestra, avalan que, pese a los esfuerzos, a la insistencia, y que, por primera vez, un presidente gallego se involucre hasta tal punto en el futuro de una empresa pública vital para una zona como la de Ferrol, no tengan, más allá del papel político, la trascendencia que a tal iniciativa se le quiso otorgar desde el primer momento. Para muestra, o para el recuerdo si se quiere, queda la famosa foto en Santiago de Compostela, con Núñez Feijóo y responsables de Pemex y la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales como protagonistas.

Los astilleros públicos continúan presas de la incertidumbre, tanto por la falta de contratos que aporten una gran ocupación a la plantilla principal como a las auxiliares, como por la tensa situación con los representantes sindicales y decisiones que, aunque no de envergadura, como es el caso del traslado de la construcción de ocho bloques del flotel a Cádiz, afectan al menos sensorialmente a una comarca sujetacomo pocas a una actividad industrial tan determinada.

Se demanda, pero más que nada se necesitan con urgencia, contratos de envergadura, que dependen tanto de las voluntades de otros países como del propio Gobierno central y de las necesidades reales de la Armada Española. La renovación de la flota no será efectiva hasta 2019 a efectos de trabajo. Tan dilatado periodo de espera no conseguirá otra cosa que condenar a esta ciudad.

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