Dos modos de gobernar

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EL todopoderoso Caballero, don Abel, no está tan exultante como en él es habitual. La posibilidad, cada vez más cercana, de que el Celta se vaya de Vigo lo tiene un poco plof. Pese a todo lo que lleva invertido en Balaídos, donde las lonas ya no son más que recuerdo del pasado, el club está decidido a buscarse una nueva casita. Precisamente por ahí, por la inversión, el alcalde olívico va por delante de todos sus congéneres enxebres. El año pasado adjudicó obra pública por valor de 14,9 millones de euros, el doble, por ejemplo, que Xulio Ferreiro, el Varoufakis de A Gaiteira, quien se quedó en 7,9 millones. ¡Menuda diferencia! Y ya puestos a darle a las matemáticas, hay que destacar que la cuantía de los contratos firmados por el Concello de Vigo supera a la que alcanzarían conjuntamente los rubricados por Santiago, Lugo, Ourense, Ferrol y Pontevedra. La diferencia es, por lo tanto, sustanciosa y refleja una manera bastante diferente de entender la manera de estar al servicio de los ciudadanos, ¿o no?

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