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Se celebró este uno de octubre, los setenta años de la proclamación de la República Popular China por Mao. Hubo celebración militar por todo lo alto, exhibiendo sus últimas virguerías armamentísticas, y desfiles con ritmo marcial chino. Todo muy tradicional, y el vistoso espectáculo palmoteado por un público feliz. Mientras, en la isla de Hong Kong, los hongkoneses, o como coño se diga, estaban en las calles a partir un piñón con la policía, manifestándose en defensa de mantener sus derechos civiles y políticos, comprometidos por escrito entre Inglaterra y China, cuando los ingleses abandonaron la colonia isleña. Es de admirar el coraje que le echan los nachos, usando paraguas como defensa contra las hostias que les caen, y sabiendo que no paran las porras ni las balas, mientras occidente mira por encima del hombro. Con diferencia horaria, este mismo día largaba con su pico de oro Quim Torra sus tradicionales proclamas políticas, calentando el horno de la independencia catalana, mientras Sánchez trataba de apagarlo ofreciéndole ciento cincuenta y cinco leños. Creo imposible apagar un fuego a base de meter leña, como deben saber hongkoneses y catalanes. 

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