El damero del Gobierno

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En la sociedad líquida que vino a describir Bauman, y antes otros como prefiguración de síntomas, coinciden la banalidad, lo estúpido, la ocurrencia, el repentismo, la vulgaridad y lo simple, en proporciones desiguales pero eficaces, y naturalmente serían de agregar más consideraciones definitorias, decisivas, pero ya excederían la intención de utilidad de este comentario. Y porque en España, hoy, vamos de lo líquido a lo gaseoso con fervor maniqueo, pues ahí que tenemos un nuevo Gobierno concebido a todas luces para epatar, al límite de damas, con un ministro de altos vuelos que mueve a toda simpatía, y con la cultura y el deporte, así enjuagados, en almoneda entre meritorios de barraca y exquisitos melifluos, incluidas sorpresas, sustos, sofocos, ceses al minuto y, cómo no, ocurrencias, improvisaciones, y la incompetencia de invitada por todos lados y como guinda de todo pastel. Y esto no hizo más que empezar, eso sí, de momento provocando, produciendo, el ministro de cultura más efímero del mundo, con todas sus consecuencias, o con ninguna, ya se verá, que ya es de preguntarse si Huerta, el cesante, cobrará su pensión ministerial en proporción a sus horas de vida ministerial activa y verdadera, más o menos su presencia en Roland Garros, o gozará de la prebenda íntegra como si sus desvelos de ministro hubiesen alcanzado una cierta impronta de tiempo y carácter. 
A mí, en su momento, me había extrañado sobremanera el nombramiento de César Antonio Molina por parte de Zapatero, un idilio imposible, digo, intelectualmente, que el presidente iba desnudo, y además Molina es caza mayor en el ámbito literario, poético, crítico y ensayístico, con una trayectoria admirable. Y ahí que sigue, en igual postración de orfandad, después de la ocurrencia, brevísima, de hacer ministro a quien no se debía, por tantas cosas y no tanto por lo que fue cesado, y ahora en trance de cábala por ver cómo pueda resultar ese nuevo ministro, Guirao, al que las sospechas sobre lo que pueda entender por cultura, en su sentido más universal, parecen tener fundamento suficiente.  Amante del cine, la literatura y los zapatos, Irene, mi hija, nació en un año propicio bajo la advocación magistral de una película coral, surrealista y delirante, pletórica de España y de sus cosas, sus tópicos, sus gentes, su rancia ironía, su eterno sinvivir, y convivir, y maldecir, y su enhiesta y quijotesca soldadesca ciudadana… Y su honda raíz nutricia, también,  inagotable y esperpéntica, indestructible y mágica, santa y heroica … Amanece que no es poco, y en eso estamos, cada día… Y ahí es donde se va a ver, en ese escrutinio, y en la lealtad a España, a maese Sánchez, su virtud, si la tiene, su talla política. De momento, de él sólo se sabe que preside el Gobierno sin haber recibido el voto mayoritario de los ciudadanos, antes muy al contrario, en este tan imperfecto sistema de partidos, esa oligarquía a la que llaman democracia por convención psicológica, y conveniencia de tantos, tantas veces, también, tontos. Y encima con un ministerio de cultura, nada menos, al borde de un ataque de nervios, que nada se diga del deporte. Y el presidente de pivot, ay, por favor… 
 

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