Guerra psicológica: mentira, calumnia, propaganda y negación

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Las luchas por el poder en los países civilizados se dirimen con la información y la propaganda; en otros, a demás de los medios citados, aparecen cadáveres, torturas o secuestros, lo que es conocido entre los servicios de información y espionaje como “Los que saben mucho, viven poco”;  a este apartado pertenecen incluso héroes sociales que luchan por ayudar a mantener la ecología, la naturaleza, o el mar frente a los devastadores de bosques, poblados, océanos y atmósfera.
Al final de la Primera Guerra Mundial, los alemanes descubrieron que la acción psicológica de la propaganda aliada, especialmente los servicios especiales de guerra británicos, habían minado la mente de los soldados enemigos, haciéndoles pensar lo que ellos querían, el mismo Hitler lo reconoció en su libro “Mein Kampf”. Entonces, los alemanes de la posguerra, los nazis de los años treinta, montaron un aparato sumamente sofisticado de contrapropaganda de guerra, pero ineficaz ante el de los aliados. Por su parte los norteamericanos con Roosevelt crearon la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS en inglés), desarrollada por Truman y que dará paso a la configuración  de la CIA en 1947. Los británicos disponen del MI6 en realidad llamado Servicio Secreto de Inteligencia, SIS, pionero e inspirador de casi todos los demás. 
Todos los organismos citados son instrumentos de guerra psicológica especialmente aplicados durante la guerra fría (1947-1989), pero de facto siguen funcionando, tratan de meter miedo, hacer dudar, hundir a los opositores en el poder, etc. Todo ello muy bien preparado con unidades que llevan a cabo servicios especiales. Las revistas, octavillas y radiodifusión fueron muy utilizadas para difundir mensajes que hacían temblar, y ¡ojo!, la mayoría de ellos eran falsos, porque hacen propaganda negra, falsa, aquella  en la que todo vale. 
Durante el desarrollo de la campaña, estos últimos meses, para formar alianzas y conseguir formar gobierno en nuestro país, me he acordado de estas técnicas y tácticas político-sociales. De forma un tanto descarada comenzó con el tema del independentismo catalán, destaparon un montón de corruptos con cuentas fuera del país, evadiendo el pago de los impuestos  que  a la vez, eran los que estaban promoviendo  el separatismo; en un momento señalaron a Xavier Trías, sin presentar documentación y sin esclarecer totalmente la denuncia;  al parecer era un cabecilla político al que había que destruir.
El asunto siguió negando la evidencia a través de la manipulación del lenguaje, basta citar tres ejemplos: el PP afirmó, desde el primer día que había ganado, no ganó él ni ningún otro, puesto que no alcanzaron la mayoría de los votos, sólo fueron los más votados, podían ganar si consiguieran sumar adeptos; segundo punto, en España existe derecha e izquierda en política desde la noche de los tiempos, el PSOE se consideró y fue considerado, desde siempre, un partido de izquierda, pero decide aliarse “en el primer contacto” con la derecha, su decisión desconcertó a propios y extraños, se le agradece que en esta campaña se defina con claridad, si quiere ser derecha y batirse en duelo con Ciudadanos para obtener votos del PP, está en su derecho, pero que lo diga; tercero, el peligro mayor del país eran los independentistas catalanes, pues hasta el más  escrupuloso se acercó a hablar con ellos, otra tergiversación de los criterios: si lo haces tú está mal, si lo hago yo, no tiene importancia. 
Por último, el ataque de culpabilidad hacia el otro, negando la evidencia, pues el juego consistía: firmo un acuerdo con alguien inferior en votos a mí, me aseguro el puesto de mando, y posteriormente invito al que me podía hacer sombra, al que no le voy a conceder cargo alguno, a que se sume porque necesito alcanzar los votos que me faltan, SI NO quiere sumarse, lo denunciaré públicamente  como causante de impedir el cambio y la gobernabilidad. Y así lo repiteron, una, dos, cincuenta veces, ver a los portavoces invirtiendo el signo de lo que había ocurrido, daba repugnancia. El PP acusó al PSOE de no querer apoyar el cambio que se estaba produciendo con ellos; el PSOE acusó a Podemos de no querer acabar con el PP, y Ciudadanos acusó a PP y Podemos, por actuar de forma semejante. 
Algunos comentaristas lo denunciaron, y una amplia mayoría los descubrió “no somos tontos”, eso ya no vende, para empezar no mientan, no calumnien. Esas acciones son muy burdas, la gente está más preparada y no es tan fácil engañarla.
Pero la batalla sigue en pie. Estos días un diario digital publicó un extracto bancario  en el que aparecen dos personas que por los  nombres y apellidos identifican al líder de Podemos y a su madre. Ahí está la lucha psicológica, esta vez han apuntado a una gran mayoría, para derribarla, no atacan a Iglesias, van contra el movimiento que represanta, hay que frenarlo antes de que llegue al poder. Este ejemplo es el más palpable de la fuerza de la propaganda psicológica, ha cundido el miedo, la desconfianza, la duda, decían unos seguidores  ¡y si fuese verdad!, un terremoto. Es necesario aclarar el tema cuanto antes. Es posible que sea mentira y es posible que sea verdad, aunque a algunos eso de la madre les parezca un esperpento valleinclanesco. No es difícil amañar un recibo, es cuestión de contactos y de dinero, para  llegar hasta los impresos con membrete y estampar los cuños a “gusto del consumidor”. Y cuanto más mediocre sea un país, más fácil es comprar a los corruptos.  
Lo penoso, lo tremendamente doliente, lo que remueve las entrañas es pensar que haya periodismo que se entregue a la causa de la propaganda hasta esos extremos. Es necesario saber rápidamente si es verdad lo que afirma, caerá una persona que desencantará a miles de seguidores, pero no desaparecerá el movimiento, puede incluso que haya un efecto boomerang; pero si es mentira, una vez más unos líderes de prensa ensuciarán  la labor de tantos buenos profesionales del periodismo.

Guerra psicológica: mentira, calumnia, propaganda y negación