Celeiro and Alexandra

|

En la galería de la asociación ARGA, y en complementario maridaje artístico, exponen conjuntamente Emilio Celeiro y su hija Alexandra , uniéndose, de este modo, dos lenguajes plásticos: aquel que surge de las formas de la naturaleza, que es el de Celeiro y aquel que es sometido a la abstracción y la geometría, que es el de Alexandra. Ambos extremos, aparentemente tan dispares, casan aquí de un modo perfecto, porque ella proporciona los fondos cinéticos sencillos de bandas seriadas, en tonalidades acordes a las piezas cerámicas realizadas por su padre. 
De este modo, el plano de fondo se convierte en algo más que soporte, se vuelve pintura y se dinamiza en entramados y sobre todo en  retículas de líneas  verticales, sobre las cuales ejecutan su curvilínea danza los relieves de Celeiro; muchos de estos representan peces, por lo cual se puede hacer la lectura metafórica de que han sido atrapados en una red. Original “pesca”, por otro lado, la que permite –como en el altorrelieve “Sirenas”– que los ritmos rectos y los ritmos curvos se  unan en armónico contraste  y que entre las formas enfrentadas de dos raros peces ( de esos que tanto gusta en inventar Celeiro) se abra un espacio que respira, una voluta ligera que asciende a lo alto, por obra y gracia de la medida composición de Alejandra; ella les ha preparado una cesta en enrejado blanco y negro, con alguna zona rojiza, acorde a sus negros cuerpos. Una variante de esto presenta los sirénidos blancos y el enrejado de fondo lleva una leve veladura de salpicados de tintas malva y azul; con lo cual, la voluta se abre entre ambos como un albo camino y lo abisal y oscuro se transforma en alquímica redención. 
De estas simbólicas metamorfosis gusta mucho nuestro escultor, que sueña con anfibios anti-diluvianos transformados en alienígenas. Juega también con formas circulares que encierran una especie de ouróboros o  y con figuras espiraloides que recuerdan las insculturas de los petroglifos. 
Late, pues, en su obra, una memoria ancestral, a la vez que está presente, –porque sin duda va grabado en el inconsciente colectivo–, una reminiscencia, no sometida a matemática, sino instintiva, de la espiral de crecimiento o logarítmica que afecta a casi todo lo que existe. Hay también pájaros- pez y peces- artilugio y rostros encadenados y Esfinges aladas y hasta una Ciudad satélite. Y están- ¡cómo no, tratándose de alguien del signo de Cáncer!- “ El pez y la luna”, un connubio entre un fósil lechoso y el astro de la noche que se levanta sobre él, con todas sus manchas y anfractuosidades, en un muy logrado relieve. ¡Y ahora la red blanquinegra  de Alexandra  ha atrapado a la luna!

Celeiro and Alexandra