Cuba en Láncara

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Una de las canciones más conocidas de Luis Aguilé es la balada “Cuando salí de Cuba”, una melodía llena de sentimiento compuesta por el artista en los años sesenta, dicen que en recuerdo de una joven cubana que conoció en la Isla unos meses antes de que tuviera que abandonarla después del triunfo de la revolución.
No sé lo que hay de cierto en esa leyenda y tampoco es mi propósito hacer de exégeta de la vida sentimental del Aguilé que a finales de los cincuenta arrasaba en Cuba con sus canciones. Lo que quiero resaltar es que esta canción fue apropiada poco después por más de un millón de cubanos exiliados y convertida en su himno patriótico para recordar, con el corazón desgarrado, “cuando salí de Cuba” en donde “dejé enterrado mi corazón”.
La canción siempre se escuchó con devoción en Miami y volvió a sonar con fuerza este año porque la “morriña del Caribe” sigue instalada en los ánimos de los cubanos exiliados después del fiasco que supuso la normalizaron de relaciones con EEUU que no consiguió ablandar la dureza de una dictadura de más de cincuenta años, que sigue reprimiendo a la población -Guillermo Fariñas volvió a la huelga de hambre- e impide cualquier apertura política.
Eventos celebrados en agosto con grandes fastos -décimo aniversario de la llegada de Raúl a la Jefatura del Estado y noventa cumpleaños de Fidel-, indican que la dictadura más vieja de América se consolida con el triste balance del país empobrecido y de varias generaciones estranguladas –¡cuántos gallegos quedaron por el camino!– por la falta de libertades.
Por eso, es difícil entender que la corporación de Láncara –PSdeG, PP, BNG y Compromiso– nombrara por unanimidad en julio a Raúl Castro “hijo adoptivo” del concello. Es verdad que el presidente cubano tiene raíces familiares en el municipio, pero “el fin” de utilizar su figura como reclamo para obtener notoriedad o beneficios económicos “no justifica los medios” de galardonar a un dictador que tiene en su haber miles de condenados y represaliados por algo tan legitimo como pensar de distinta forma.
El mismo día que el concello lucense distinguía al dictador cubano las Diputaciones de A Coruña y Pontevedra retiraban los títulos honoríficos a Franco, otro dictador. Es curioso que mientras estas Corporaciones corrigen errores históricos, en Láncara los mismos partidos legitiman al régimen castrista. Seguramente los calores del estío nublan la mente de los políticos.

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