La lógica política de Mariano Rajoy

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Si al final todo concluye como auguran  los vaticinios de los mentideros  madrileños, el Comité federal del Partido Socialista dará hoy el primer paso para, con el visto bueno a la abstención en la investidura de Mariano Rajoy, terminar con el bloqueo mantenido durante  casi un año de interinidad política. 
Superado el trámite,  dentro de unos días echará a andar de verdad la duodécima legislatura y el candidato del PP podrá formar gobierno. Rajoy volverá a ser presidente. Pero me da la impresión que  “malgré lui”. Esto es: un poco a su pesar, parodiando así al médico a palos de la célebre comedia de Molière . Y es que habrá de enfrentarse a una legislatura diabólica. 
Ante el duro juego parlamentario que se podría avecinar,  él y su equipo  más cercano preferían en principio nuevas  elecciones en las que consolidar una mayoría más suficiente para gobernar. Pero convocar a la ciudadanía por tercera vez en un año a las urnas constituiría –son palabras suyas- un despropósito. 
Su lógica política se impuso, pues, a la lógica de la conveniencia.  Como alternativa, Rajoy optó y reclamó una investidura que fuera acompañada de una cobertura posterior; de una agenda política, económica y social que garantizase una cierta continuidad y sirviese de blindaje ante una eventual moción de censura al día siguiente. Es decir, investidura más gobernabilidad. 
Y en esas estaba cuando el llamado sector crítico del Partido Socialista se deshizo de Pedro Sánchez, montó una gestora y dio un vuelco total al tablero político inmediato. No sé si con el apoyo o no de su guardia pretoriana, Rajoy comprendió que en aquellos momentos, con todo lo que había llovido en Ferraz, demasiado haría la gestora  con revocar el “no es no” del ex secretario general, permitir la abstención y, en definitiva, terminar con el  bloqueo. 
Tal vez por eso levantó el pie y sorprendió a todos anunciado que no pondría condiciones para negociar la investidura. Su lógica de la política volvía a imponerse. Rajoy prefirió dar mayor estabilidad al sistema y entenderse con el segundo gran partido  antes que hundirlo con unas exigencias que llevarían a unas nuevas elecciones en las que éste muy probablemente saldría más que trasquilado y Podemos, consolidado como primer partido de la oposición.
¿Y ahora, qué? ¿Qué PSOE amanecerá el día de después?  Mucho sentido no tendría que los socialistas hubieran salvado el bloqueo de la investidura y que luego se instalaran en el bloqueo de la legislatura.  O que se entregaran en el Congreso a una alianza práctica con la mayoría de izquierdas.  A Rajoy no se le ve muy optimista al respecto y repite aquello de “lo voy a intentar”. Pero “malgré lui”. Sin grandes esperanzas. 

La lógica política de Mariano Rajoy