BENDITOS HÉROES

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El mar del Orzán ha vuelto a teñir A Coruña de luto. En esta ocasión por llevarse la vida de cuatro personas. Un estudiante eslovaco, que pagó muy cara una noche de fiesta a cuenta de Santo Tomás de Aquino, y tres agentes de Policía, que pagaron el precio más alto por llevar el deber más allá de lo exigido.

Es cierto que había alerta naraja en el mar, pero ni tan siquiera la fuerte resaca y las olas de cinco metros son necesarias para que se produzca una desgracia. Con el joven se fue el poder conocer el motivo que lo llevó en un día como el de ayer a bajar a la arena.

El problema es que hay quien tiene madera de héroe y quien no. Siempre existe gente dispuesta a arriesgar su vida por intentar rescatar a un joven pasado de copas

 

Resulta complicado imaginar cuál fue el desencadenante de semejante estupidez. Pudo ser el desconocimiento de cómo se las juega el mar del Orzan. También es posible que tuviera algo que ver el alcohol, ese que abunda en la zona. Incluso que todo se debiera a un pudor extremo y a las ganas de orinar. Da igual. Al final el resultado es que una ola lo engulló y dos agentes de paisano, que lo vieron, ni dudaron un momento en intentar rescatarlo.

Lo mismo hicieron otros dos que pasaban por allí con su coche patrulla, también un joven de 26 años que intentó formar con los policías una cadena humana y que amargamente se queja ahora de que la corriente le arrebató de las manos a uno de los agentes.

Y es de suponer que estará indignado. Indignado con los que insinúan que los agentes no se tenían que haber tirado al agua, que habían tenido que pedir refuerzos por radio y aguardar la llegada de especialistas.

Ni tan siquiera él mismo debería haberlo hecho. Su misión se tenía que haber limitado a observar desde el Paseo hacia dónde se llevaba la corriente al joven estudiante para luego darle indicaciones precisas a las lanchas del lugar en el que debían buscar a la víctima.

El problema es que hay quien tiene madera de héroe y quien no. Hay gente dispuesta a arriesgar su vida por intentar rescatar a un joven pasado de copas que se cae al agua y quien mira desde arriba y espera. Y, ayer, lo que quedó claro es que en la Policía sobran héroes, hasta cuando van de paisano.

Sin medios, seguramente teniendo muy claro que se la jugaban, pero impulsados por ese misterioso resorte que en su día ya los llevó a dedicar su vida a perseguir a “los malos” y defendernos “a los buenos”.

Y da igual que se les recorte el sueldo para ajustar el déficit o que no se cubran las bajas, siempre hay agentes dispuestos a ir más allá de eso que llaman deber.

El mar del Orzán volvió a teñir A Coruña de luto, pero más allá de la pena que hoy atenaza el corazón de miles de ciudadanos, la realidad es que reconforta saber que hay alguien dispuesto a jugarse su propia vida cuando ve a una persona en apuros, aunque sea la propia estupidez la que genere esa situación de peligro.

BENDITOS HÉROES