Desenfocado

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Cuenta este periódico que Feijóo, después de las críticas recibidas por sus palabras ante la llegada del cuadro de Castelao “A derradeira lección do mestre”, se apresuró al día siguiente a “reenfocar su discurso ante la obra sin olvidar los crímenes de hoy”.
Vamos a poner el foco en enero de 1950,  fecha en que Castelao murió en el sanatorio del Centro Gallego de Buenos Aires. Ese mismo día la Dirección General de Prensa del Gobierno dictó las siguientes instrucciones a los medios informativos españoles de cómo tratar la noticia: “Se dará en páginas interiores y a una columna. Se elogiarán únicamente sus características de humorista, literario y caricaturista. Se puede señalar  su personalidad política siempre y cuando se mencione que fue errada. No se hará mención alguna del libro ‘Sempre en Galiza’ ni de sus álbumes de dibujos de la Guerra Civil. La omisión de estas instrucciones dará lugar al correspondiente expediente”.
Aquello era una “tergiversación de la historia y una ofensa”, palabras que le valieron a los grupos de En Marea y el BNG para repetírselas al señor Feijóo por sus declaraciones del miércoles tres de octubre, pues suponen “una ocultación y censura de la obra de Caselao”
A todo esto Feijóo añadió que dentro del cuadro “A derradeira lección do mestre”,  hay otra enseñanza: la capacidad de pueblos como el gallego para desterrar esa maldición y emprender un camino juntos y por eso incidió en la necesidad de transmitir a los jóvenes “una reflexión de libertad, convivencia y valores, que se inspiran en el referido cuadro y que no se protegen solos”. (¿?) Unas palabras que hace treinta, cuarenta años, serían las justas y necesarias para recibir un cuadro de uno de los personajes gallegos más importantes del siglo pasado y uno de los padres del galleguismo. Ojalá, desde hoy, se enfoque bien nuestra historia.
Tal vez esos jóvenes a los que se dirige el presidente Feijóo con sus palabras se preguntarán cómo en estas fechas y durante tantos años pudo caer un espeso silencio sobre buena parte de nuestra historia y quiénes son los responsables.  
¿La respuesta? Ese decreto de la Dirección General de Prensa y otros muchos que durante años salían del mismo sitio, para intentar dibujar otro paisaje. El cuadro, en definitiva, por mucho que lo “saquen de foco”, muestra lo que intentaron esconder durante años: la barbarie  que a veces aún hoy, se filtra por las corredoiras hasta llegar a los grandes salones. 

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