INSTANTÁNEA DEL CANTÓN

|

Si la alameda del Cantón estuviese despejada, es hoy uno de esos días, a caballo ya de la primavera, en que recorrerla traería más de un recuerdo, como seguramente lo arrastran muchos otros paseantes, entre la fronda de los plátanos y ese terruño cuyas piedras parecen no haber cambiado nunca, como si el viento, los pasos o el agua nunca las hubiesen arrastrado. Se echa en falta, ya saben, ese aroma que marida a la hoja con el rocío y que penetra los espíritus más madrugadores, pero son los tiempos que son y reinan por el momento las zanjas para todo aquello que siempre se quiso. Se echa en falta lo que no se tiene y basta no poseerlo para notar su ausencia. A falta de estorninos, es la charanga de las barracas y atracciones de feria, con sus bocinazos regulares, lo que oímos, como siempre fue en determinadas épocas del año. Falta el heladero con el carrito, y hasta un fotógrafo de los de antes, de cámara de trípode, tela negra y revelado artesanal –todo en uno–, para captar el instante.

INSTANTÁNEA DEL CANTÓN