Los pobres

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No vayan a pensar que uno no tiene su corazoncito. En estos festejos de “reyes” (de cualquier rey), me he enternecido pensando en los pobres. Sobre todo en algunos. Estaba Rodrigo Rato, triste y cariacontecido tras perder el chollo de Bankia, el pobre, cuando hete aquí que recibió su regalo de reyes: asesor de Telefónica en Sudamérica y otras latitudes. ¡Ah, no hay como ser bueno!

Y es que, quizá, al quedar vacío el cargo que desempeñaba Urdangarin, alguien debía suplirle en tan mal pagado puesto. Si al yernísimo le atizaban –sin experiencia previa– 1.000.000 de eurazos al año, vayan vds. a saber cuánto cobrará el suplente, con un currículo despampanante. Y es que, los pobres del pepé lo son, pero menos. Luego están los otros, los que no tienen más filiación que esa: pobres. Aunque lo sean de solemnidad. Esos no se comen una rosca por no estar afiliados donde deberían. En el pepé no hay pobres.

 

Los pobres