LA BANDA DEL PORTALÓN Y LOS DERROCHADORES DE LUZ

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Al alcalde de Oleiros no le gusta que se hable de la presencia de bandas organizadas que asaltan los chalés de las urbanizaciones que jalonan su municipio. Lejos de ello, suele negar la evidencia y atribuye con reiterada tozudez a las ansias de crear temor de los medios de comunicación las noticias que se refieren a estos asaltos, como si los medios de comunicación en cuestión enviaran a sus redactores ataviados con un pasamontañas a reventar las cajas fuertes de las mansiones y, de ese modo, capear la dura crisis que padecen.

Eso sí, el mismo García Seoane que niega los asaltos habla ahora de una banda que se dedica a robar portalones de hierro a medida. Es decir, que alguien les hace el encargo de una puerta para una finca y ellos, en lugar de producirla, echan mano del coche (o de Google Earth, que hay algunos cacos muy listos), y recorren el municipio en busca de una entrada que se ajuste a las necesidades demandadas por su cliente. Acto seguido, desplazan hasta el lugar un camión con grúa y, en una operación que puede recibir cualquier calificativo menos cuidada, arrancan el portal.

Al final, el resultado es que la banda del portalón tiene lo que su cliente les había solicitado, sin gastarse un duro en su producción, aunque nada se sabe de los litros de gasoil consumido en la búsqueda de la pieza a robar. Y a esta conclusión llega el regidor después de que alguien intentara llevarse, armado con un camión con pluma, la puerta de acceso a uno de los colegios del municipio. Es evidente que en Oleiros el crimen organizado solo existe para las puertas de los centros de educación.

Eso es lo malo, que hay quien ve en el mensajero y en el propio mensaje al culpable de sus males, en lugar de centrarse en solucionar el problema que tanto preocupa a sus vecinos. Ya puestos, el ránking de los conspiranoicos (esos que ven una conspiración detrás de cada hecho, por muy inocente que parezca) lo encabeza el concejal coruñés de Izquierda Unida, César Santiso. Este político denuncia que el Ayuntamiento mantuvo encendidas durante un par de horas diurnas parte de las farolas de la ciudad para que no descendiera el consumo eléctrico en el país y que así diera la impresión de que la huelga general del miércoles había sido un fracaso.

Alguien debería explicarle a Santiso que para que se incremente el consumo eléctrico no es suficiente con que se enciendan las farolas de algunas calles. A Coruña entera tendría que brillar como una tea y cegar a los astronautas que orbitan el planeta a bordo de la Estación Espacial Internacional para, por ejemplo, consumir la corriente que dejó de gastar la planta de Citroen en Vigo, obligada a parar su producción. La cuestión es que, a lo peor, este político también duda de la existencia de la Estación Espacial Internacional, puesto que el hombre nunca llegó a la Luna, ¿o sí?

LA BANDA DEL PORTALÓN Y LOS DERROCHADORES DE LUZ