SOÑANDO CAMINOS

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La España de hoy nos hace recordar aquel angustioso poema de Machado, donde en una de sus estrofas el viajero se pregunta, “¿a dónde el camino irá?”.
Quizá nuestro destino sea un constante soñar. No con un camino, sino con muchos, tantos que nos confunden. Aquí confundimos los intereses generales con los personales; la libertad con el insulto; la verdad con la mentira; el modernismo con la decadencia, somos una permanente contradicción. Aquí lo importante es transgredir, cruzar la línea, que hablen de uno. Aquí cada partido político –¡qué digo!, ¡cada militante!– sueña con un proyecto distinto. En el PP sueñan que siga el régimen actual, el instaurado en la transición, y con seguir gobernando. En el PSOE, si es que sueñan con algo, es un acertijo. En sus filas reina la confusión general, la desesperación, la desbandada, sus fieles lo están abandonando. 
Por otro lado, los de Podemos creen que el régimen nacido en1978 está agotado, amortizado, que la corrupción lo ha deslegitimado, por lo tanto, que hay que pensar en sustituirlo. Ellos argumentan que hay que construir otro modelo de Estado, otra España. Aunque no aclaran como se hará. Hablan de un Estado plurinacional. En principio suena bien, sin embargo, esa apuesta tiene sus riesgos. La última experiencia federalista, además de ser esperpéntica, acabó como el rosario de la aurora. Tampoco sabemos, pues no lo han explicado, como la hipotética federación podría frenar los sentimientos independentistas en algunas regiones. En un país normal, con políticos racionales y pragmáticos, la federación podría ser una solución razonable a los problemas territoriales.  
En todo caso, la situación social, política y económica que está viviendo este país es compleja. La corrupción y la crisis fueron los detonantes que cambiaron el mapa electoral. Aunque algunos siguen sin comprenderlo. Los ciudadanos tienen la impresión que un gran número de políticos entraron en las instituciones con un único propósito: el de enriquecerse. La mayoría social lo percibe de esa manera. Por otro lado, pocos creen que la economía esté mejorando, la realidad tiene otra lectura. Nos dice que la única economía que está mejorando es la de los banqueros, la de las multinacionales, la de los especuladores, etcétera. La de los otros, la del pueblo de a pie, sigue en la Unidad de Cuidados Intensivos. La pobreza continúa tomando posiciones, está conquistando sectores sociales que antes de la crisis perecían inexpugnables. Como la clase media y la media/baja, que están desapareciendo. 
Hay políticos viven fuera de la realidad, refugiados en sus torres de marfil, en sus castillos. Alguno incluso osan lanzarse a la yugular de sus adversarios, descalificándolos. Lo decimos por Alfonso Guerra, un político que nunca se caracterizó precisamente por defender al poder, como hacen otros de su partido. Guerra acusó a los dirigentes de Podemos de niñatos altaneros. Incluso los comparó con los del “bunker”, nombre dado al grupo de los inmovilistas en la transición. Las  “rabietas” de Guerra, que quizá se deban a lo que está pasando en su partido, están fuera de lugar y de tiempo. La sociedad cambia. Lo que ayer fue una verdad política o social incontestable, no lo es necesariamente hoy. La situación de España, de Europa, y en general del mundo, no es la misma que había en 1978. Demasiadas cosas han cambiado. Es importante no olvidar el pasado, de hecho se debería recordar siempre, sobre todo para no repetirlo, pero no se puede vivir anclado a él. Algunos  socialistas, por llamarlos de alguna manera, no comprenden lo que está ocurriendo. Se pasaron los últimos treinta años diciendo que el PSOE era el partido que más se parecía a los españoles. De pronto, se dan cuenta que no es así, que ya no se parecen tanto, que hay otro partido que a lo mejor se parecerse más que ellos a la nueva realidad social.
Entender lo que está pasando es una condición sine qua non para construir el futuro. De otro modo, nos esperan tiempos de inestabilidad política, social y económica, de seguir soñando caminos. 
 

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