El cazador y los cazados

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A Fraga le acompañó toda la vida la fama de cazador de élite y quizá cuando andaba por el monte, escopeta al hombro, cobrase buenas piezas, pero en el ojeo político fallaba más tiros que un chosco. Solo con recordar cómo le salió Verstrynge, en quien había puesto todas sus complacencias, ya no hay que pensar más ejemplos, ni siquiera en Pilar Cancela. Ambos le salieron rana, pero, al fin y al cabo, los batracios no son nada para alguien que se dedica a la caza mayor. A Aznar, que ahora se ha metido a lobista, con “b”, no con “v”, o sea, no vive como depredador de mujeres, sino de voluntades, nunca le gustó la caza. Lógico, pues jamás acertó un solo tiro allí donde puso el ojo. Sus selecciones de personal las hubiese firmado Vito Corleone. No se salva ni uno. Aquel al que promocionaba, aquel que acaba en el banquillo de los acusados... y condenado. Qué paradoja que llegase a presidente de honor del PP, si fue quien condujo al partido al deshonor más absoluto, pues durante su imperio fue cuando la corrupción se desbocó.

El cazador y los cazados