Señor Casado hay otras formas más humanas de incrementar la demografía

|

Después de oírle hace unos días que el problema de falta de población joven en el estado español, se resolvía con la modificacíón de la ley del aborto, me imagino que para que las mujeres pariesen más niños, requiere que repiense lo que afirmó, porque la ley actual “no obliga a nadie a abortar”, la que usted pretende “obligaría a la mujer a tener el niño aunque no lo desease”, hay diferencia.

La extrañeza que me causó me recordó un viaje que hice el año 1990 a Canadá, donde nos explicaron las soluciones que habían tomado, ante el problema de falta de ciudadanos y cómo se empobrecía el país. A continuación lo explicaré con pocas palabras, pero antes quiero decirle que le felicitaré a usted y a todos sus colegas políticos, que decidan tener cuatro o cinco hijos, incluso lo pretendía el rey; otras parejas desean uno o dos hijos pero, así como no podrán comprar una vivienda por no disponer de dinero ni de un trabajo fijo, tampoco podrán tener un hijo porque los niños exigen multitud de cuidados que no se les pueden ofrecer si no se dispone de un trabajo y de una vivienda mínimamente completa.

Los canadienses empezaron por buscar la causa del descenso de la natalidad. El punto más importante dijeron que estaba en que la mujer “se negaba”, habían emprendido una revolución femenina, formando asociaciones múltiples de mujeres para defenderse en dos sectores: el laboral y el doméstico. Una mayoría de mujeres luchaba `por alcanzar altos puestos en las fábricas y en los servicios especiales (pilotos de cualquier medio de transporte, directoras de servicios sanitarios, etc.). Ya habían conseguido situarse en los cargos medios. Las mujeres comenzaron a analizar sobre, tener o no, un hijo. Los resultados dieron en su mayoría que “no valía la pena”, por dos razones muy claras y hasta dolorosas. Tener un niño les suponía ausentarse del trabajo por tres años, aunque cobrarían el total de su nómina anual; lo peor era que sus colegas les pasarían en el escalofón, y cuando se incorporasen tendrían pocas posibilidades de alcanzar el puesto anhelado. Segundo, tener un hijo se había considerado secularmente, tener un apoyo en la vejez, incluso había madres que designaban a uno de sus hijos como “nacido para cuidarlos”; eso ha desaparecido, los hijos se emancipan de la familia muy jóvenes y hacen su vida, cerca o lejos, sólo retornan a la familia cuando vienen de visita, en la vejez estarían solas igual, por tanto, no valía la pena.

Los gobiernos canadienses no pensaron en obligar a las mujeres, pero se les facilitó mucho el nacimiento con subvenciones elevadas si tenían un hijo, si tenían dos recibían mucho más, de tal forma que, la mujer que no trabajaba, si tenía tres hijos, prácticamente vivía de las subvenciones y colegios gratis, guarderías, etc.. Como Canadá era (y es) un país de inmigrantes, pensaron en favorecer la inmigración. En aquella conferencia, explicaron que se abrían los puertos a los barcos que viniesen cargados de familias, familias, que trajesen varios hijos, cuantos más mejor; o a las que trajesen dinero para invertir. Con esas decisiones conseguían mano de obra en corto plazo y dinero para crear nuevas fábricas. 

Fue un éxito, además coincidió con que la colonia británica de Hong Kong se entregó a China el año 1997 y muchos colonos decidieron emigrar a Canadá. Sus hijos fueron educados prácticamente de forma gratuita y veinte años después ya ocupan los cargos medios. 

El nivel de inmigración alcanzó su punto máximo en 1993, en el último año del gobierno conservador-progresista y se mantuvo con el Partido Liberal. En Canadá tienen un Ministerio de Ciudadanía y Emigración, una Comisión de Inmigración y Refugiados, y hasta un Ministerio de Asuntos Indígenas. El Gobierno accedió a que la provincia de Quebec fuese única responsable de la selección de la mayoría de los inmigrantes con destino a la provincia. Por supuesto, una vez que se les concede la ciudadanía, se pueden mover por todas las provincias como los demás ciudadanos canadienses.

La población se incrementó casi en diez millones de ciudadanos de 1990 a 2015. La población más abundante pertenece a personas comprendidas entre los 45 y los sesenta años. En el censo de 2016, por primera vez, el número de ancianos superó al número de niños. Donde encuentran más trabajo es en servicios y fábricas en las tres grandes ciudades: Toronto, Vancuver y Montreal. Según las estadísticas (Statistics Canada ) viven más de medio millón de españoles en Canadá.

Es muy importante la Ley del Multiculturalismo de 19881 “se articula a través de tres principios: cohesión social, identidad cultural e igualdad de oportunidades y de acceso a las instituciones de la sociedad de acogida. Canadá se transformó además en el primer país oficialmente de inmigrantes todos sus miembros debían festejar la diferencia y mostrarse orgullosos de la contribución que las diferentes herencias culturales aportaban a la diversidad nacional. La alternativa multicultural, por tanto, sugiere que es posible reconocer que las minorías tienen derecho a utilizar su propia lengua, a practicar su religión, a mantener sus costumbres, en definitiva, a mantener su cultura distintiva sin que se ponga en peligro la unidad política y social de la sociedad nacional”. Canadá es un mosaico social compuesto de 34 grupos étnicos con al menos cien mil miembros cada uno, de los cuales, 10 grupos tienen más de 1.000.000 de personas. El lema de la ciudad de Toronto es “La diversidad es nuestra fuerza”.

Señor Casado recuerde el eslogan del constitucionalista argentino Juan Bautista Alberdi “Gobernar es poblar”, claro que lo decía en 1853 y pensando en los inmigrantes.

Señor Casado hay otras formas más humanas de incrementar la demografía