OBAMA, A PESAR DE TODO

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Terminó la hora de los discursos. Unos discursos muy bien elaborados, muy bien expuestos, llenos de evocaciones a los padres fundadores de la nación, líricos, idílicos y poéticos. Su idea o motivo central, su gran mensaje es siempre un llamamiento a la esperanza. Del “sí, podemos” de hace cuatro años ha pasado ahora al “lo mejor está por llegar” del martes último.

Pero al reelegido presidente norteamericano, Barak Obama, se le ha terminado el tiempo de los bellos discursos y, aunque logró la victoria por un margen mayor del previsto, ahora le toca gobernar. Y gobernar ya. Gobernar a un país dividido, fortísimamente endeudado y abocado, en consecuencia, a ese llamado “precipicio fiscal”, con sus drásticos recortes del gasto público y subidas de impuestos.

En cuestiones de política económica exterior, Obama ha puesto en repetidas ocasiones a España como ejemplo de lo que no hay que hacer, aunque en realidad las políticas económicas de su primer mandato han sido muy similares a llevadas a cabo por nuestro país desde 2008: subida de impuestos, inyección masiva de dinero para la banca, incremento brutal del déficit público y financiación exterior gracias a la compra de bonos americanos por parte de China.

Para los más críticos, Obama ha sido el nefasto prototipo de esos gastos desmesurados y de esos endeudamientos que garantizan economías inviables.

A pesar de ello y a pesar de otros muchos incumplimientos, el pueblo norteamericano le ha dado otro cheque para cuatro años más en la Casa Blanca. Y aquí es donde muchos apuntan a que su triunfo no se ha debido tanto a méritos propios como a deméritos ajenos; es decir, a graves errores del aspirante republicano.

En este sentido, prácticamente todos los observadores políticos han coincido en señalar que el republicano Mitt Romney se equivocó de electorado. O mejor dicho: apostó por una base social y cultural que ya no es tan decisiva en las urnas como en años atrás. Apostó por los Estados tradicionalmente protestantes donde el voto sobre la base de los valores resulta esencial y preferible a la acción social e intervencionista del Estado.

Apostó, como se ha dicho, por los WASP –acrónimo inglés de blanco/anglosajón/protestante– y desdeñó el voto negro, el voto hispano, el voto asiático y el voto de otros colectivos blancos; minorías o sectores todos ellos que a la postre le fueron arrancando compromisario a compromisario hasta dar un triunfo holgado a Barak Obama. Y es que Estados Unidos, por razones puramente demográficas, ha comenzado a distanciarse de una trayectoria bicentenaria centrada en una visión del mundo blanca y protestante. Si los republicanos no aprenden esta lección se habrán cerrado por mucho tiempo el camino hacia la Casa Blanca.

OBAMA, A PESAR DE TODO